Periodismo y literatura

Publicado por el May 15, 2017

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Escribió sobre sí mismo Gabriel García Márquez en “Vivir para contarla”: “Había desertado de la universidad el año anterior, con la ilusión temeraria de vivir del periodismo y la literatura sin la necesidad de aprenderlos, animado por una frase que creo haber leído en Bernard Shaw: <<Desde muy niño tuve que interrumpir mi educación para ir a la escuela>>”.

Éste oxímoron que García Márquez atribuye a Bernard Shaw tiene más enjundia de lo que aparenta. Porque, seguramente, el Premio Nobel irlandés George Bernard Shaw, que así se llamaba, hizo tal afirmación porque consideraba, a mi juicio con acierto, que lo que educa es la vida mientras que lo que hace la escuela es instruir.

Pero de la reproducida frase del Nobel colombiano lo que a mi me interesa es la referencia que hace a tratar de vivir del “periodismo y la literatura”. Y ello porque son dos actividades tan estrechamente relacionadas que se puede decir –y hoy más que nunca- que cierto periodismo es más literatura de ficción que otra cosa.

En efecto, en un artículo publicado en Faro, el 9 de agosto de 1908, afirmaba Ortega y Gasset: “Los que probablemente se irán al infierno –el infierno de la frivolidad, único que hay- son los jóvenes que, sin ser Valle-Inclán ni Rubén Darío, les imitan malamente en lugar de barajar los archivos y reconstruir la historia de España o de comentar a Esquilo o a San Agustín. O se hace literatura o se hace precisión o se calla uno”.

En el periodismo de hoy nadie se calla y tampoco se hace precisión. Lo primero, porque todavía nadie ha intentado convencernos de que una hoja en blanco es un buen artículo periodístico. Pero no hay que descartarlo, teniendo a la vista lo que nos están haciendo pasar por arte. Y lo de hacer precisión es incompatible con esa máxima que se reitera frecuentemente pero sin atribuir a nadie la paternidad de que “nunca dejes que la realidad te estropee la noticia”. Por tanto, de las tres opciones “orteguianas”, descartados el silencio y la precisión, solo queda la literatura.

Así que lo que Gabriel García Márquez concebía como dos profesiones de las que le parecía una ilusión temeraria poder llegar a vivir sin necesidad de aprenderlas, en su caso se hizo realidad,  en ambas destacó sobremanera, y con ellas se ganó con todo merecimiento un sustento más que sustancioso. García Márquez con lo que aprendió de la vida hizo periodismo y literatura, y sin duda por ser tan  brillante en ambas era perfectamente reconocible tanto cuando actuaba como periodista como cuando lo hacía como novelista. La cuestión reside en los jóvenes periodistas de nuestros días, esos a los que Ortega y Gasset ya condenaba en su tiempo al infierno de la frivolidad, ya que hoy más que periodismo hacen no pocas veces literatura de ficción: despliegan más la imaginación que el rigor intelectual y tienden más a insinuar lo noticiable, aumentando su lado escandaloso, que a informar contrastadamente.

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