Polluelos en el nido alimentados con envidia y resentimiento

Publicado por el Feb 28, 2017

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Hace bastante tiempo que me preocupa el ambiente de crispación que se respira en España, tanto el que reflejan los medios de comunicación, como, sobre todo, las redes sociales. Basta que cualquiera tenga la osadía de “contradecir” lo políticamente correcto para que de inmediato salgan los inquisidores modernos, cubiertos con la capucha del anonimato, a martirizar e insultar a ese ciudadano que ha tenido el atrevimiento de ejercitar sus derechos constitucionales a la libertad de pensamiento y expresión.

Este fenómeno ha sido descrito reiteradamente, pero tengo para mí que todavía no se ha profundizado lo suficiente en analizar las causas que lo explican. Desde luego, no estamos ante una manifestación de algo surgido de la nada, de un modo de proceder que carece de causa. Antes al contrario, todo parece indicar que obedece, entre otras posibles razones, al modo en cómo percibe en nuestros días la realidad una parte de la ciudadanía.  

Como a pesar de intranquilizarme este fenómeno no me resulta fácil encontrar las palabras precisas para describirlo, me voy a servir de esa imagen tantas veces repetida de los polluelos que esperan en el nido el alimento que les llevan sus padres y que cuando ven que se aproximan abren todos sus pequeñas bocas, piando y aleteando, para que lo depositen en su pico.

Pues bien, no puedo decir quién ha hecho de progenitor y quien ha suministrado esos alimentos, pero por lo envenenados que están esos “guardianes pretorianos” de lo políticamente correcto creo que no me equivoco al afirmar que les han metido en el buche envidia y resentimiento.

Envidia porque llevan muy mal a todos los que brillan por su excelencia. Los han alimentado dosificándoles el veneno de que todos tenemos derecho al éxito pero sin tener que hacer el esfuerzo necesario para conseguirlo. De tal modo que, del que tras un denodado y titánico esfuerzo consigue ser excelente, solo ven el momento en que obtienen el reconocimiento, no las largas horas de estudio, entrenamiento o preparación que lo hicieron posible.

Y resentimiento porque en su mundo ponzoñoso se consideran merecedores de todo aunque no hayan hecho nada por hacerse dignos de la recompensa.  

Remedando el conocido poema de Antonio Machado se podría decir: “Ya hay un español que quiere triunfar y a triunfar empieza, entre una España que reconoce el mérito y otra España que lo detesta. Españolito que vienes al mundo te guarde Dios, una de las dos Españas ha de helarte el corazón.”.  

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