La absolución de la Infanta y los ojos de la muchedumbre

Publicado por el Feb 19, 2017

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Subo al blog la reflexión que publiqué ayer en el diario ABC por si alguien no pudo leerla y tiene interés en hacerlo:

Como todos ustedes saben, la Infanta Cristina de Borbón acaba de ser absuelta en el llamado Caso Nóos por la Audiencia Provincial de Palma de Mallorca, la cual condenó, en cambio, a su marido Iñaki Urdangarín a seis años y tres meses de cárcel.

La inusual extensión de la sentencia y el amplio plazo de tiempo que se tomó el tribunal para dictarla son indicios que acreditan la realización de un notable trabajo jurídico que habla a favor del buen funcionamiento de la justicia.

En este polémico caso, el pueblo español, del que emana la justicia, conoce ya la verdad judicial, que ha sido dictada por magistrados independientes, inamovibles, responsables, sometidos al imperio de la ley, y tras un proceso rodeado de todas las garantías. Todo parece indicar, en principio, que en este mediático asunto la justicia se atuvo a los hechos y actuó sin miedos ni favoritismos, y sin tener en cuenta la identidad ni la condición de los encausados.

Pero, como escribió Baltasar Gracián, en el “Arte de la Prudencia”, “la muchedumbre tiene muchas cabezas, y por eso muchos ojos para la malicia y muchas lenguas para el descrédito” y empezaran las murmuraciones debidas a la “malevolencia”. La sentencia no será, por eso, valorada de una única y misma manera, sino que habrá, cuando menos, dos opiniones.

Los benevolentes, los que miran las cosas por dentro y las ven como lo que son, darán por buena la verdad judicial y confiarán en las razones que después de una análisis minucioso de los hechos han llevado al tribunal a proclamar la absolución de la Infanta.

Por el contrario, los hombres que están siempre de vuelta en todas las cosas, que como escribió Antonio Machado en su Juan de Mairena, “son los que no han ido nunca a ninguna parte”, preferirán mirar la sentencia con “ojos de malicia” y convencerse de que son ellos (que ni han asistido al juicio, ni han leído la sentencia) los poseedores de la verdad. Y pensarán que también esta vez hubo “pucherazo”, porque se juzgó a una Infanta y ya puestos, el plato de la ira servido no bastaba para alimentar su envidia, había que condenarla.

No soy quien para aconsejar a nadie la postura que debe adoptar. Pero tengo para mi que, siempre que sea posible –y esta vez lo es-, la reflexión prudente debe anticiparse, nuevamente en palabras de Baltasar Gracián, a la torpeza del ímpetu. Y a quienes tengan el impulso de creer en el “pucherazo”, les pido que sepan detenerse, pues la cautela nunca daña la razón ni sobrepasa el límite del buen sentido.

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