Humanos a las pantallas electrónicas pegados

Publicado por el feb 8, 2017

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Creo que no me equivoco al afirmar que si pudiera regresar a este mundo una persona fallecida en torno a 1950 lo que más le extrañaría de la vida actual es la dependencia que tenemos de las pantallas electrónicas.

En cada hogar, existe una pantalla de televisión, objeto tecnológico que ha penetrado hasta tal punto en nuestras vidas que se ha multiplicado hasta ocupar los lugares estratégicos de nuestras estancias. Hay televisión en el cuarto de estar, pero no es extraño que haya sendos aparatos en el dormitorio principal y en la cocina.  

Otro instrumento con pantalla eléctrica es el ordenador personal. Hoy hay uno sobre cada mesa de trabajo porque se ha convertido en uno de los principales instrumentos de trabajo. Dependerá del trabajo en cuestión que haya otros objetos, como libros, planos etc., pero lo que nunca falta es el ordenador con su pantalla vuelta hacia nosotros, ofreciéndonos un sucesivo cambio de imágenes en función del manejo que hagamos del teclado. Puede haber una mesa vacía, sin objeto alguno, pero son rarísimos los casos en los que no hay un ordenador personal.

Los dos objetos que anteceden tienen actualmente otra función y es que sirven de soporte para reproducir los juegos de las videoconsolas. Razón por la cual parece que su futuro está asegurado.

Pero no acaban ahí las pantallas electrónicas. Están ya bastante difundidos las tabletas que portamos asiduamente y con las que recibimos información instantánea o disfrutamos de los juegos de las Apps que pueden bajarse los usuarios.

Y dejo para el final la “pantalla reina” que es la de nuestros teléfonos móviles. Con mayor o menor intensidad, la generalidad está enganchada a los móviles que son usados principalmente no tanto para hablar o hacer fotos, sino para estar en permanente localización por si nuestros allegados, conocidos y compañeros tienen que enviarnos algún mensaje, ya sea por WhatsApp ya por SMS.

La intensiva y cada vez más creciente utilización del teléfono móvil ha sido objeto de críticas y cada uno de nosotros las compartimos en mayor o menor medida. Pero aun así seguimos enganchados al móvil y solo lo dejamos cuando alguien nos afea la conducta. Así que así como dijo el genial Quevedo para satirizar la gran nariz de Góngora “Erase un hombre a una nariz pegado”, hoy se puede hablar de “humanos a las pantallas electrónicas pegados”.        

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