El esfuerzo del campeón

Publicado por el Jan 30, 2017

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Dedicado a Rafael Nadal

 En un relato breve, titulado “Llegar el primero”, que publiqué en 1986 describí el sentimiento de un atleta que estaba a punto de cruzar la meta y proclamarse campeón con las siguientes palabras:

Solo unos pocos podemos vivir estos momentos. Miles, millones de ojos me contemplan. Todos desearían estar en mi pellejo. Pero solamente en este momento. Nadie sabe el camino que hay que andar para llegar a ser el primero. Y cuando se dice como es, no hay quien quiera recorrerlo. La carrera es la punta del iceberg y el entrenamiento, las renuncias y la soledad el bloque de hielo sumergido, que no se ve. Pero que es inmenso”.

Estas palabras reflejaban hace unos treinta años la idea que tenía sobre el binomio esfuerzo y triunfo, y la experiencia ganada con el paso del tiempo no ha hecho más que ratificar mis pensamientos. Y es que tengo por cierto que no es posible el triunfo en cualquier competición, incluida la vida, sin el despliegue de un previo y denodado esfuerzo. Es verdad que en no pocas ocasiones hay esfuerzos que no desembocan en triunfo, pero también lo es que no existen éxitos competitivos por casualidad. Puede haber esfuerzo sin triunfo, pero es casi imposible que haya triunfo sin esfuerzo previo.  

El esfuerzo y el éxito son como las dos caras de Jano. Los espectadores miramos la faz del éxito, la realmente placentera, la que recibe la luz. Y ello porque nos gustaría ponernos en la piel del campeón cuando paladea las mieles del triunfo. Recibir premios, alabanzas y gozar de la fama y notoriedad del campeón no solo son regalos de los dioses que no amargan, sino que se convierten en auténticas sobredosis de vanidad.   

Pero les exhorto humildemente –si es que puedo hacerlo- a que cada vez que vean a alguien que triunfa en una competición miren también la cara que está en la sombra: la del esfuerzo, la del inmenso sacrificio que conlleva el entrenamiento.

En Rafael Nadal hay algo más: el completo dominio de las pasiones que se desatan tanto al ganar como al perder. Porque en cada torneo nos muestra la belleza del que ha adquirido, de verdad, el don del respeto al adversario que muestra con una asombrosa naturalidad tanto cuando gana como cuando pierde.

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