No es un país para hormigas

Publicado por el Jan 26, 2017

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Seguramente sabrán que “No es un país para viejos” es la primera frase del poema “Sailing to Byzantium” de William Butler Yeats, que tomó Cormac McCarthy para titular la novela homónima, y que alcanzó gran fama al ser llevada al cine exitosamente por los hermanos Coen.

 Y todos ustedes conocerán sin duda la conocida fábula “La cigarra y la hormiga”, atribuida a Esopo, en la que se contrapone la laboriosidad de la hormiga a la gandulería de la cigarra para extraer la moraleja de que mientras el trabajo da siempre frutos la vagancia no genera más que problemas, cuya solución se reclama de los demás.

De ambas creaciones literarias me he servido para tratar de argumentar que el nuestro no es un país para hormigas. Y ello, a pesar de que desde niños trataron de inculcarnos –y el ejemplo lo tenemos en la reseñada fábula- lo contrario.

Se podría recurrir a diversos ámbitos para demostrar lo que afirmo. Pero por serme especialmente conocido me van a permitir que tome como ejemplo la enseñanza. Durante mi etapa escolar fui al Colegio Salesiano de La Coruña. Y entonces se seguía el criterio de premiar honoríficamente a los alumnos más destacados haciéndolos figurar en un cuadro de honor que se exponía públicamente en el Colegio. Con aquella medida se hacía justicia a los que se esforzaban y tenían éxito en sus estudios, al tiempo que servía de admiración, sana envidia  y acicate para el resto de los estudiantes. Y es que íbamos allí principalmente para afrontar la espinosa tarea de instruirnos y tenía todo el sentido que se hiciera saber a los demás estudiantes quiénes eran los que habían obtenido los mejores resultados. Supongo que no se enfadará por revelarlo después de tanto tiempo, pero de mi curso el que ocupó más veces el cuadro de honor fue Cristino Álvarez, el hoy afamado crítico gastronómico Cayus Apiciuis.

Pues bien, en nuestros días, parece que la excelencia tiene que ser, si no ocultada, sí minimizada. Antes que ensalzar al que lo merece, se trata de no herir la sensibilidad de los estudiantes que no alcanzan los mejores resultados. La corriente de la moda de nuestros días tiende a ensalzar a las “pobres” cigarras y a silenciar a las laboriosas hormigas, porque aquellas no tiene nada y éstas tienen acumulado el fruto de su esfuerzo. Hoy la fábula de la Cigarra y la hormiga no es políticamente correcta. Y ello porque cuando se escribió, como no se estaba, como ahora, en busca del voto perdido, era más sensato destacar el valor del esfuerzo y el trabajo que alabar la indolencia y la agradable ociosidad de tocarse la barriga.       

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