Los refugiados y su integración entre nosotros

Publicado por el Jan 7, 2017

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Hace algún tiempo un antiguo alumno de la Universidad de Santiago de Compostela me envió esta foto que circulaba entonces por la red por si me sugería algún comentario para subir a mi blog. Le prometía que meditaría sobre la imagen y el texto. Así lo hice y hoy creo que ya estoy en condiciones de ofrecer las reflexiones que me suscitan.

Como puede observarse, se trata de una foto de un grupo, al parecer, de refugiados, caminando hacia algún lugar en condiciones climáticas muy duras. El texto que acompaña la foto, en su parte superior, nos pide que la observemos durante breve tiempo; y, en su parte inferior, subraya que la mujer es la única que va cargada con un niño y algún paquete y que va caminando descalza. Seguidamente, nos pregunta si creemos que estos refugiados, “para los que la mujer no vale nada”, podrían integrarse en nuestra cultura, costumbres y tradiciones. Mi respuesta por las razones que expongo a continuación es claramente afirmativa.

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Lo primero que me sugiere la imagen es que cabe la posibilidad de que la mujer sea la madre de todos o, al menos, de una buena parte de los caminantes. De ser así, como el cariño es más descendente que ascendente es muy probable que la madre hubiera asumido, como de hacen de costumbre, la carga más pesada de la familia: soportar el mayor peso y caminar descalza. Pero aún en ese caso es difícil de admitir que el cariño de sus hijos no fuese lo suficientemente intenso como para aliviarla no solo de una parte de la carga, sino también de la dureza de tener que caminar con los pies desnudos. Pero sea la madre o no, lo cierto es que una civilización en la que la mujer es tratada del modo que refleja está en un grado de desarrollo muy incipiente y sumamente alejada de la nuestra.

Y por aquí viene la segunda reflexión. Venir de una civilización con costumbres y tradiciones tan arcaicas, ¿es motivo suficiente para negar a los refugiados que acedan a nuestro mundo? Yo creo honradamente que no. Antes al contrario, pienso que viviendo ente nosotros sería una de las mejores maneras para salir de su subdesarrollo cultural, al poder observar que hay otras culturas en las que la mujer y el hombre no solo son iguales ante la Ley, sino que en la vida diaria la mujer recibe, por lo general, un trato radicalmente distinto del que refleja la foto de los refugiados.

Ahora bien, para que sea posible que los refugiados pueden integrarse, de verdad, en nuestra cultura y que lleguen a asimilar y comprender el alcance de nuestras costumbres y tradiciones es imprescindible -y esto me parece esencial- que tengan bien presente que deben adaptarse a nosotros, a un nivel cultural que se ha ido desarrollando durante siglos en un camino imparable hasta el grado de civilización que poseemos actualmente. Con esto quiero decir que no pueden venir solamente para disfrutar de nuestro nivel de desarrollo y nuestro bienestar material. Tienen que hacer el esfuerzo de integrarse en nuestra civilización y si no tienen fuerzas para hacerlo, lo mejor es que no vengan. Son ellos los que quieren que los acojamos y, por eso, tienen que dar algo a cambio que es respetar nuestra cultura y civilización, aunque no les guste y sea diferente a la de ellos. Y si no es así, que no vengan. Porque no los recibimos para que se enquisten entre nosotros como si fueran un cuerpo extraño, sino para integrarse pasando a formar parte de nuestra cultura y civilización.

Es el que va a otro país el que tiene que aceptar la manera de vivir en él, y no al contrario. Y si no está dispuesto a hacerlo, que no emigre. No es un tema para andar con “buenísimos”, sino para hablar sin rodeos y tomar las medidas precisas para que puedan compartir nuestra vida y nuestras costumbres. Y se comparte obligándolos a que participen de nuestra cultura, no fomentando que puedan segur viviendo aislados en su retraso.

 

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