¿Hay alguna dictadura democráticamente “disculpable”?

Publicado por el Nov 28, 2016

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El diario EL PAIS cuando murió Pinochet tituló la noticia: “Muere Pinochet sin responder de sus crímenes ante la justicia”. En cambio, el reciente fallecimiento de Fidel Castro lo tituló “Muere Fidel Castro”, símbolo del sueño revolucionario”. No creo que nadie discuta que ambos fueron dictadores, por lo cual la pregunta que surge inmediatamente es si hay distintos tipos de dictaduras, unas buenas y otras malas, y, en tal caso, cuál es el criterio para calificar a unas mejor que a otras.

Para responder a estas preguntas conviene situarse en la óptica de la imparcialidad, palabra que significa, según el diccionario de la RAE, “falta de designio anticipado o de prevención a favor o en contra de alguien o algo, que permite juzgar o proceder con rectitud”. O como escribió Ortega y Gasset en diciembre de 1902 hablar desde la “serenidad”, tener “frialdad ante las cosas, y ante los hechos”; “desde fuera de uno mismo”, sustrayéndose “a la ley de la gravedad sentimental”.

Pues bien, desde mi imparcialidad, y tal y como escribí en mi Entrada de ayer, para mi todo dictador es un “secuestrador” de la libertad de su pueblo y, por tanto, en la medida en que todas las dictaduras privan durante el tiempo que duran a los ciudadanos del preciado don de su libertad no cabe hacer distinción alguna entre ellas. Todas las dictaduras, absolutamente todas, vulneran los principios democráticos de la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político y, por eso, deben ser objeto del más duro de los reproches.

Sin embargo, según se desprende de los titulares del medio de comunicación arriba mencionado, hay quien parece defender la existencia de diferentes tipos de dictaduras: unas totalmente rechazables y otras hasta heroicas, en razón de la motivación que impulsó al dictador. Lo cual, de ser admitido, supondría convertir en axioma que “en el caso de las dictaduras, hay algunas en las que el fin justifica los medios”.

En defensa de mi opinión, voy a reproducir unas palabras que escribió Stefan Zweig, en Castelio contra Calvino, en las que les pido que sustituyan  la idea de muerte por la de libertad.

Zweig escribió: “Matar a un hombre no es defender una doctrina, sino matar a un hombre”, añadiendo “sea del tipo que sea –lógico, ético, nacional o religioso- el subterfugio que se simule o pretexte para justificar el hecho de quitar de en medio a un hombre, ninguno de esos motivos exime al hombre que ha cometido u ordenado el crimen de su responsabilidad personal. Y concluye “las verdades se pueden difundir, pero no imponer. Ninguna doctrina será más cierta, ninguna verdad más verdadera, porque se grite y se encolerice… Pero una doctrina, una ideología, serán aún menos verdaderas si persiguen a los hombres por oponerse a su modo de pensar”.

Y todo esto, apreciados lectores, es predicable de todas las dictaduras, de todas, absolutamente de todas.  

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