El odio por banderías

Publicado por el nov 23, 2016

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Aunque todos nos hacemos una representación mental de lo que es el “odio”, conviene recordar que, según el Diccionario de la RAE, significa “antipatía y aversión hacia algo o hacia alguien cuya mal se desea”. Así entendido, el odio parece configurarse como un sentimiento interno, un estado del ánimo que permanece en lo más recóndito del individuo.

Cuando dicha antipatía o aversión alcanza el punto emocional de la “ira” (“sentimiento de indignación que causa enojo”) no es extraño que tienda a exteriorizarse, descargándose contra alguien.

Desconozco las razones, pero si hubiera un artefacto atmosférico imaginario que pudiera medir los sentimientos que emanan de cada país, el odio y la ira ocuparían, nuevamente (empleo esta palabra por lo que sucedió en nuestra guerra civil), el primer puesto del ranking de España. Y lo cierto es que no se comprende muy bien por qué han crecido en los últimos tiempos ambos sentimientos, toda vez que actualmente España es una gran Nación que ha alcanzado un más que razonable nivel de bienestar que está ampliamente difundido entre la ciudadanía.

Pues bien, si el indicado artefacto atmosférico imaginario pudiera registrar de dónde proceden mayormente el odio y la ira, tengo para mí que los localizaría en facciones, bandos o partidos que tienden a obrar agresivamente contra los demás y que son plenamente indulgentes con lo que les afecta a ellos mismos.

Para que se me entienda. Traigan a su memoria las imágenes audiovisuales de las reacciones selectivas de odio e ira, acompañadas de insultos, de personas congregadas ante las sedes de los juzgados cuando acudían a declarar ciertas personas simplemente como “investigadas”. Las cuales contrastan, en cambio, con el absoluto silencio, cuando no el aplauso y el apoyo, en el supuesto en que los que acudían eran, por ejemplo, investigados de los llamados partidos progresistas.

Y claro como hoy todo se televisa, ya que el negocio de la información tiene que producir pingües dividendos, mientras la imagen de los primeros sufre denigración o descrédito, la de los segundos adquiere tintes de heroísmo.

No sé qué sucederá en el futuro. Si ahora que parecen mejorar las cosas, disminuirán el odio o la ira. Pero soy pesimista. Tengo la impresión de que el estado de podredumbre del odio por banderías, lejos de reducirse, irá en aumento.

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