El Taj Mahal, un monumento al amor en el recuerdo

Publicado por el Nov 13, 2016

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Por fin ha llegado la última etapa del viaje por la India: el Taj Mahal. Desde el comienzo, ansiaba hallarme frente a una de las 15 maravillas del mundo. Y ayer sobre las cinco de la tarde pude contemplar una de sus fachadas, la que da al rio Yamuna. Aunque la visión no era muy cercana, me impresionó su majestuosidad.

Gracias al regalo de un amigo, durante el viaje empecé a leer la novela “Taj” de Andrés Pascual, que obtuvo el premio de novela histórica Alfonso X el Sabio de 2016. Y, como no podía ser de otro modo, mis deseos de ver el reseñado monumento funerario fueron en aumento a medida que avanzaba en la novela. Tenía ganas de ver lo que Rabindranat Tagore denominó “una lágrima en la mejilla del tiempo”, frase que Andrés Pascual, como aclara en sus palabras de agradecimiento, se toma la licencia de poner en boca de uno de sus personajes.

Como todos sabrán, el Taj Mahal es un grandioso y bellísimo mausoleo de mármol blanco que mandó construir el emperador mogol de la India, Sha Jahan, para enterrar en él a su amada esposa Mumtaz Mahal. Se habían enamorado a primera vista cuando eran muy jóvenes, pero por motivos palaciegos tardaron algunos años en casarse.

Su deseo de permanecer juntos era tan intenso que ella acompañaba a su marido hasta en sus expediciones militares. Le dio catorce hijos y murió cuando aún tenía 38 años al dar al luz al último. Sha Jahan le prometió a Mumtaz en el lecho de muerte que erigiría un mausoleo en su recuerdo que sería el más bello hasta entonces construido.

Y no cabe duda de que cumplió su promesa: el Taj es el monumento al amor más bonito que he visto. Se trata de un mausoleo construido a la amada muerta. No es, por tanto, un monumento levantado a un ser con el que todavía se comparte el amor de cada día, sino que es el simpar edificio que manda construir un ser vivo consternado para que reposen en él para siempre los restos de su amada esposa.

Por eso, me atrevo a afirmar que el Taj Mahal más que un monumento al amor vivo, el amor que vive a diario, lo es al amor en el recuerdo. Es un homenaje que hace un ser que amó a su mujer viva durante catorce años y que desde entonces hasta su muerte la sigue amando en el recuerdo.

Habrá quien piense que es más difícil amar a una esposa viva que a una esposa en el recuerdo, porque se suele magnificar al que solo vive en el pensamiento. Pero estoy seguro de que si nos dieran a elegir preferiríamos amar y sufrir al amado vivo que tener que consolarnos con hacerlo revivir en el recuerdo.

Con todo, lo que podía parecer en su momento un proyecto descabellado, lleva congregando desde su construcción a tal cantidad de visitantes que debe considerarse un extraordinario acierto, un triunfo del amor en el recuerdo.

Con este Post pongo punto final a la crónicas de un viaje por la India muy bien organizado por Pilar Latorre

 

 

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