La era de la credulidad

Publicado por el oct 29, 2016

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Los tiempos en que vivimos han sido bautizados como la “era de la información”. Nombre que ha sido elegido desde una sola de las ópticas desde las que cabe contemplar la vida actual: la perspectiva de los informantes. En efecto, para los que se dedican profesionalmente a comunicar información no cabe ninguna duda de que estamos en un momento en el que las nuevas tecnologías facilitan de manera extraordinaria la circulación de información, lo cual provoca una abundantísima generación de contenidos.

Pero las cosas suelen tener dos caras y la información también, ya que el acto de comunicar implica que lo comunicado llegue a su destino; o dicho de otro modo, el mensaje sea percibido por su destinatario. Por eso, se habla no solo de la libertad de comunicar información, sino también de recibirla.

Pues bien, si del lado de la comunicación nos pasamos al de su recepción, la cuestión que cabe plantearse es la de la actitud de los destinatarios. Las leyes suelen obligar a los medios a que difundan información veraz, pero pocas veces lo que se comunica es exacto, pertinente y riguroso. Recuerdo el sentido del titulo de un libro que escribió una antiguo subdirector de ABC, Manuel Adrio, recientemente fallecido, que rezaba más o menos: “periodismo: realidad con cristal de aumento”.

¿Cuál es la actitud del público que recibe la información? ¿Tiene la suficiente capacidad crítica para “depurar” el mensaje informativo de todos las “esquirlas” de las fracturas que sufre en razón de su carácter predominantemente comercial? Me gustaría que así fuera, pero me temo que el nivel de preparación del destinatario medio de las comunicaciones informativas no sea suficiente para purgar suficientemente las noticias.

Por eso, si los “informantes” han bautizado con razón la época en que vivimos como la “era de la información”, ¿no debería añadirse a reglón seguido que desde la perspectiva de los receptores vivimos también en la era de la “credulidad”?. El bajo nivel de preparación de la ciudadanía, unido al ritmo frenético de bombardeo informativo, nos impide analizar con un mínimo de cuidado la información escasamente veraz que recibimos. Es decir, creemos con facilidad lo que nos dicen los medios y como la información no es rigurosa y verdadera, hay que concluir que vivimos escasamente informados y pacientemente crédulos en la era que califican pomposamente como la de la información.

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