Pablo Iglesias y los potenciales delincuentes del Congreso

Publicado por el Oct 27, 2016

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Desde que se hizo público que el PSOE se abstendría para facilitar la investidura de Mariano Rajoy noté a Pablo Iglesias más furioso que de costumbre. Lejos de mostrarse con la serenidad habitual, aparentaba enojo, cólera, irritación. Lo cual me hizo pensar que la postura del PSOE desbarataba definitivamente su estrategia política inmediata que sería: ir a unas terceras elecciones, culpar de ello al PSOE y conseguir sobrepasar al partido socialista quedándose, en un primer momento, como líder del principal partido de la oposición, para alcanzar, desde ahí y en su momento, la anhelada presidencia del gobierno.

Además, Iglesias puso en marcha de inmediato un plan alternativo que fue autoproclamarse mediáticamente líder de la oposición, como si esta posición política pudiera ostentarse al margen del número de escaños en el Congreso.

Hoy, en su intervención en la sesión de investidura perdió los papeles y, en lugar de atenerse a la cuestión debatida, dio un mitin en toda regla que, al igual que me sucedió en otras ocasiones anteriores, me recordó las intervenciones llenas de tópicos y de utopías “marxistoides” (hablando de las Brigadas Internacionales, la desaparición del miedo a las oligarquías políticas, del IBEX 35 y mediáticas, etc.) de mi época universitaria.

Mientras lo oía no pude menos que reafirmarme en la idea a la que ya aludí en alguna ocasión de que Pablo Iglesias y los de Podemos son una especie de venganza que se toma la Universidad contra los que, después de servirse de ella en los momentos finales del franquismo, para acelerar la llegada de lo democracia, la han abandonado hasta permitir el proceso de deterioro en el que se encuentra.

Pero casi al final de su intervención, Iglesias afirmó textualmente: “hay más delincuentes potenciales en la Cámara que fuera”.Pues bien, además de subrayar que éste es un ejemplo más del estado de furia que lo tiene atenazado, me interesa destacar que cuando alguien habla de ese modo, se ampara en el privilegio de la inviolabilidad parlamentaria. Dando por supuesto que Iglesias Turrió está en sus cabales, solo cabe pensar que ha puesto en duda la honradez de los miembros de la Cámara porque seguramente intuye –no creo que lo sepa a ciencia cierta- que actúa protegido por el privilegio de la inviolabilidad parlamentaria que rige en nuestro sistema constitucional.

Privilegio de la inviolabilidad que, como ha señalado nuestro Tribunal Constitucional, garantiza la irresponsabilidad jurídica de los parlamentarios por las opiniones manifestadas en el ejercicio de sus funciones y cuya finalidad específica es asegurar, a través de la libertad de expresión de los diputados, la libre formación de la voluntad del órgano legislativo al que pertenezcan.

Celebro que exista este privilegio y que gracias a él Pablo Iglesias haya podido decir impunemente la mencionada barbaridad. Pero que no haya “responsabilidad” jurídica por lo que ha dicho no significa que no haya quedado retratado y que la ira que destila contra los que no son de los suyos acabará por reducir progresivamente su apoyo entre los electores.

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