Obras del intelecto y respuesta de los destinatarios

Publicado por el Sep 24, 2016

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Los creadores nos suministran obras que se originan en su intelecto y reciben de nosotros una respuesta diferente. Cuando pintan un cuadro o esculpen la obra plástica su creación es considerada como un bien intelectual materializado en un ejemplar único destinado a la contemplación. Cuando componen una obra musical encadenan rítmicamente una serie de sonidos cuya finalidad es procurar un gozo de nuestro espíritu a través de la impresión que producen en nuestro sentido del oído. Y cuando narran una historia de ficción procuran emocionarnos, entretenernos y aportarnos parte de su experiencia vital, y logran adentraros en su mundo imaginado.

Pues bien, si nos situamos en el plano de los destinarios de dichas creaciones del espíritu, su respuesta ante cada una de ellas es bien diferente. Las obras de la pintura y de la escultura son capaces de atraer una y otra vez la atención del público y alimentan su espíritu, sin saciarlo, por muchas que sean las ocasiones en que las contemplen. Y algo parecido sucede con las obras musicales: se escuchan repetidamente y no por ellos se desvanece el deseo del oyente de volver a oír nuevamente la obra.

Las novelas –y quiero centrarme solo en ellas- no tienen, en cambio, la misma fortuna. Cuando alguna novela logra ser leída por alguien, es muy inusual que vuelva a repetir su lectura: se oye generalmente “ya la leí”. Lo cual supone una especie de sentencia que condena a la obra de ficción a la pena del olvido. Y es que en la mayoría de las ocasiones al lector le basta conocer una sola vez la obra de ficción para tener satisfecha del todo su curiosidad intelectual.

Por eso, no hay que escandalizarse por el hecho de que se publiquen muchas novelas, ya que la gran mayoría son genuinos bienes de consumo: se leen,  se desechan, y se busca otra que ocupe su lugar y así repetidamente.

Con todo, hay obras que impresionan tanto nuestro espíritu que las visitamos más de una vez. Podrá haber muchas razones para que esto suceda con una determinada novela y un concreto lector. Pero para mi tengo que cuando tiene lugar esta especie de prodigio es porque el autor ha incluido en la historia narrada parte de su enriquecida alma.

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