Sánchez es “Don Limpio” con mucha jeta

Publicado por el sep 18, 2016

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Les confieso que me aburre soberanamente escribir de nuevo sobre el señor Sánchez, pero cuando veo declaraciones como las que acaba de hacer en San Sebastián no puedo permanecer callado. Y es que en un mitin celebrado ayer en apoyo de Idoia Mendía no pudo concentrar más frases reveladoras de su desvergüenza.

Empezó diciendo algo tan obvio como que España necesita “un gobierno de manera urgente”. Pero si se analiza la frase lo que se cayó fue “presidido por mí”. Y esto no es que yo haga ahora un juicio de intenciones, es que se deduce inequívocamente de las frases que pronunció seguidamente “no me abstendré ante la corrupción del PP” y “cumpliré la palabra dada a los votantes”. Ambas aseveraciones solo las puede hacer quien piensa que el pueblo (los votantes de los que habla) le encomendó a él y a nadie más que se convierta en Presidente del Gobierno de España para acabar con la corrupción del PP.

Pero si es sorprendente que piense así alguien que en cada elección concita menos apoyo de los votantes, todavía lo es más lo que afirmó seguidamente: “el fin de los vetos cruzados de Podemos y Ciudadanos será el principio de la regeneración política de este país”.

Hay que ser muy ignorante o muy cínico para atreverse a efectuar esta afirmación. Porque si algo tiene claro una buena parte del pueblo español es que nadie le puede discutir al señor Sánchez el título de “mayor vetador” del Reino.

En su excelente artículo de hoy en la Voz de Galicia, el prestigioso profesor Roberto Blanco Valdés señala que “la coherencia con los principios democráticos de cualquier pacto de gobierno poselectoral depende de tres criterios esenciales: la aceptación de la victoria del partido ganador; la distancia en votos y en escaños entre el primer partido y el segundo; y el número de fuerzas necesarias para desplazar del Gobierno al vencedor de los comicios”.

Y añade “un pacto es claramente democrático si respeta la victoria del partido ganador. Y es tanto más democrático cuanta menor sea la distancia existente entre el ganador y el que pactando con otros viene a arrebatarle la victoria; y cuanto menor sea el número de partidos necesario para formalizar el acuerdo de gobierno”.

Pues bien, de acuerdo con los indicados criterios el pacto por el que suspira el señor Sánchez no respeta, al menos, dos de esos tres criterios: no respeta la victoria del ganador y la distancia entre el que obtuvo más escaños y el siguiente partido se agranda a cada elección que se celebra.

Y, en cuanto al número de partidos implicados, es verdad que tanto la investidura de Mariano Rajoy como la de Sánchez implica a tres partidos, pero con idearios diferentes. En el caso del PP, tienen que ponerse de acuerdo el PP, el PSOE y Ciudadanos, mientras que lo que pide Sánchez implica al PSOE, a Podemos y a Ciudadanos. Pero también lo es que en la investidura del PP los tres partidos implicados tienen la nota común de ser “constitucionalistas”, en tanto que en la aspiración “enfermiza” del señor Sánchez se pretende no solo concitar el apoyo de un partido, como Podemos, que pone como condición saltarse la Constitución, sino que además tiene un programa electoral claramente antitético al del otro implicado como es Ciudadanos.

¡Pero eso qué importa si el que aspira a la presidencia del gobierno, aunque haya quedado cuarto en las listas por Madrid, se considera “Don Limpio”, “borrador mágico”, que es capaz de limpiar la casa ajena y dejar sucia la propia!

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