Los cuatro jinetes de la parálisis

Publicado por el sep 11, 2016

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Me sirvo del conocido pasaje del Apocalipsis del apóstol San Juan para tratar de reflejar el papel que ha jugado cada uno de los cuatro líderes de los partidos políticos con más escaños en el Congreso en la situación de parálisis en la que mantienen a España desde el pasado 20 de diciembre.

El caballo blanco, cabalgado por el jinete de la victoria, es el que deja menos margen de duda y hay que atribuírselo, por mucho que le moleste a algunos, a Mariano Rajoy. Porque en una hipotética carrera de caballos, donde no hay aritmética parlamentaria, el ganador es el primero que cruza la meta, lo que en términos parlamentarios significa, el que obtiene más escaños. A lo que hay que añadir que en la segunda carrera el jinete del caballo blanco de la victoria le sacó incluso más ventaja a los otros tres.

El caballo rojo, cabalgado por el jinete de la guerra, se lo asigno a Pedro Sánchez porque es el verdadero responsable del bloqueo institucional que estamos padeciendo. Ahora está en una estrategia de tratar de culpar del bloqueo a los otros jinetes. Pero las culpas solo pueden ser atribuidas a él, ya que con sus ochenta y cinco escaños vetó la investidura de Mariano Rajoy al que apoyaban ciento setenta parlamentarios sin haber podido presentar hasta ahora una oferta alternativa.

El caballo negro, cabalgado por el jinete del hambre, se lo otorgo a Pablo Iglesias, populista que ha irrumpido en la política con unas propuestas demagógicas, imposibles de cumplir en la Unión Europea, como hemos visto con su admirado Alexis Tsipras. Tales propuestas solo le servirían a él para acceder al poder, aunque fuera a costa de sumir en la desesperación a los ciudadanos más vulnerables (recuerden la imagen del pensionista griego llorando ante la puerta de una entidad de crédito porque no podía sacar dinero).

Finalmente, el caballo bayo, esto es, de capa blanca amarillenta, cabalgado por el jinete de la muerte, se lo endilgo a Albert Rivera, pero sin que se entienda la palabra muerte en sentido literal, sino simbólico, porque por mucho que lo ha intentado, pactando con Pedro Sánchez y con Mariano Rajoy, no ha sido capaz de conseguir, pese a su esfuerzo, dar el suficiente soplo de vida parlamentaria para que naciera el nuevo gobierno.

Viene todo esto a cuento porque recientemente, el ex presidente Felipe González declaró en Chile que si hubiera nuevas elecciones, él estaría por descabalgar a los cuatro jinetes (“si nos llevaran a terceras elecciones, les pediría a los cabezas de lista que no se volvieran a presentar”). Esta propuesta, aunque ha contado con la aprobación de algún destacado columnista, ha sido rápidamente rechazada desde los cuatro partidos.

Con todo el respeto que me merecen las opiniones de personas con la gran experiencia política de Felipe González, tal vez conviene recordar que, según nuestra Constitución, los partidos son instrumentos para la participación política, cuya estructura interna y funcionamiento deben ser democráticos. Lo cual significa, entre otras cosas, que corresponde a cada partido, de acuerdo con su régimen interno de funcionamiento, ofertar el cabeza de lista y el programa electoral a los ciudadanos, lo cuales son llamados simplemente a elegir la lista que tengan por conveniente.

Por eso, visto la nula influencia que tenemos los electores en la designación del jinete, todo parece indicar que podemos entrar en una fase en la que nos corresponde a nosotros tomar las medidas oportunas para salir de la parálisis o continuar en ella.

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