El espectáculo bochornoso de la investidura

Publicado por el Aug 31, 2016

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Voy a procurar no personalizar y trataré asimismo de no dejarme llevar por el malestar que me produce el atentado que está suponiendo a mi racionalidad la actuación de algunos de nuestros parlamentarios en la actual sesión de investidura. Admito de entrada, por si alguien lo aduce, que las cosas fueron igual en las sesiones anteriores para elegir presidente. Es posible, pero tal vez el hartazgo por la actual situación y la importancia de lo que nos estamos jugando, me impiden guardar silencio ante lo incomprensible que resulta lo que va a suceder entre hoy y mañana.

Y es que, por lo general, el ser humano utiliza la facultad de razonar para enlazar argumentos que justifiquen una determinada decisión. De tal suerte que en el “iter” mental del individuo lo habitual es que vayan por delante las razones y que sean éstas las que conduzcan a la conclusión.

Pues bien, nada de esto sucedió en la sesión de investidura de ayer con algunos partidos políticos. Anunciaron su decisión negativa antes que conocer el programa del candidato que solicitaba la confianza de la Cámara, y cuando oyeron el programa lo utilizaron para justificar la postura que ya habían adoptado antes de entrar en el Congreso.

Más aún: desde las anteriores elecciones del 20 de diciembre de 2015 hasta hoy hemos venido asistiendo a un remedo de la película el “Agente 007 contra el Dr. NO”, en la que no hace falta que les diga qué político hace de Dr. NO. E insisto, porque me parece muy significativo, en que el “no” lo fue desde el principio y sin esperar a escuchar la más mínima razón del adversario.

Pero las cosas no acaban ahí: como quiera que los políticos del NO se han regodeado anunciando su decisión antes de escuchar el programa del candidato, tienen que utilizar su intervención para justificar a posteriori su posición previamente negativa. Y es entonces cuando uno oye afirmaciones como que “Rajoy acudió al Congreso a hacerse autobombo con un discurso autocomplaciente” (PSOE), o “con su discurso no ha tratado de convencer a nadie, sino de que España se resigne a que gobierne” (PODEMOS), o, finalmente, “si no se pone la fe necesaria para que te invistan a ti mismo, no se la van a poner los demás” (CIUDADANOS).

¿Nos toman ustedes por tontos? ¿Había entre ustedes uno solo, repito, uno solo, cuyo voto dependía del contenido del programa del candidato? Digan ahora lo que digan, entraron en el hemiciclo todos ustedes con su decisión predeterminada y ni aunque intervinieran Domóstenes, Cicerón, o Emilio Castelar, nadie, repito, nadie, cambiaría su voto, salvo que estuviera previamente pactado entre los partidos. Así que, por favor, no desprecien la inteligencia del pueblo español, que es más sagaz de lo que parece y es capaz de caer en la cuenta de la función que están representando.

Todo parece indicar, en efecto, que la investidura seguirá sus pasos, convertida en una auténtica pieza entre teatral y cinematográfica (lo digo por lo del Dr. NO), en la que cada uno representa su papel, tratando de hacer creer al pueblo español que ellos son sensibles a las argumentaciones que se escuchan en los debates, cuando lo cierto es que en el hemiciclo actúan como autómatas que siguen las órdenes de los partidos.

Ante espectáculo tan bochornoso deberíamos pedirles que se marcharan todos con viento fresco, pero es tanto y tan importante lo que está en juego, los intereses generales de España, que tenemos que soportar resignadamente sus veleidades.

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