La arrogancia post electoral

Publicado por el Jul 12, 2016

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Arrogancia significa calidad de arrogante; esto es, altanero o soberbio. Y por soberbia se entiende “satisfacción y envanecimiento por la contemplación de las propias prendas (es decir, cada una de las perfecciones o cualidades físicas o morales que posee alguien) con menosprecio de los demás“.

No sé ustedes pero yo veo, y confieso que no sin sorpresa, que los que se muestran más arrogantes tras los resultados de las últimas elecciones son curiosamente los tres grandes perdedores.

Pablo Iglesias, que perdió un algo más de un millón de votos, está tan satisfecho de sus resultados que ha declaro que han perdido tantos votos porque son víctimas de su propia lucidez, “de que pareciera que todo lo hacíamos bien”. No creo que quepa mayor arrogancia, salvo que hubiera utilizado la palabra “lucido” en su cuarta acepción “Dicho de una persona: Que, probablemente, va a sufrir un chasco o lo ha sufrido”. De haber sido así –cosa que no creo porque no considero que conozca tan bien el diccionario- habría acertado en las tres cosas: sufrió un chasco, esto es “una decepción que causa un suceso contrario a lo que se esperaba” y va a sufrir alguno más, porque creo que ya no volverá a tener tantos votos.

A los de Ciudadanos los veo con una desorientación arrogante. Me explico. En lugar de entender que los ciudadanos los consideran de centro, lo cual implica, por definición, que pueden pactar tanto con la derecha como con la izquierda moderadas; es decir, el PP y el PSOE, parece que se tienen por un partido exclusivamente de izquierdas, aunque más moderado que el PSOE. Digo esto porque repiten una y otra vez (hoy lo ha dicho José Manuel Villegas) que “si la investidura es de Rajoy, el voto de Ciudadanos sería en contra”.  Lo cual implica no solo la arrogancia en grado sumo de atreverse a vetar con solo 32 escaños y después de perder 400.000 votantes al líder que ha mejorado en votantes y lo supera en más de 100 escaños, sino también una flagrante ofuscación sobre cuál es su orientación política.

Y dejo para el final al “perdedor de perdedores”, al que va de mal en peor, batiendo records históricos negativos en cada elección, sin que los votantes puedan explicarse cómo su partido lo mantiene al frente del cartel electoral.

El ciudadano Sánchez y sus colaboradores más estrechos tienen tanta soberbia que, a pesar de tener cada vez menos votantes y escaños, dicen que ellos no pueden ni siquiera abstenerse porque así seguiría gobernando el partido de los recortes y el que ha hecho sufrir tanto a los españoles.

¿Están ustedes tan envanecidos por la contemplación de sus propias perfecciones morales que consideran a una buena parte de los españoles masoquistas? ¿Cómo es posible, si no es así, que en las últimas elecciones haya crecido sensiblemente el número de los que, padeciendo supuestamente los recortes y sufriendo tanto dolor, votaron al partido causante de tanto daño y que al mismo tiempo hayan disminuido notablemente los que optaron por el supuesto cambio de progreso que ustedes les prometían?

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