Podemos tocó techo

Publicado por el jun 29, 2016

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Esta mañana en los desayunos de TVE Iñigo Errejón declaró que las pasadas elecciones suponen el comienzo de un cambio imparable y que su formación, Unidos Podemos, acabará gobernando España. Por lo que expongo seguidamente, al contrario que Errejón y los otros líderes, mi pronóstico es esta fuerza política ha tocado techo y que ha iniciado un camino imparable para reducir progresivamente su peso electoral en España.

En efecto, “pronosticar” significa “predecir algo futuro a partir de indicios”. Y, como su propia significación deja entrever, hacer predicciones conlleva el riesgo de equivocarse. Claro que cuanto más fiables sean los indicios que uno toma en consideración para formular su pronóstico menor es la posibilidad de errar.

En las líneas que siguen no voy a exponer un simple deseo, sino que voy a utilizar los indicios que tengo a mi alcance para formular el pronóstico, ya avanzado, que es, insisto, que Podemos y todas las formaciones que acompañan a este partido político no van a llegar a ser una alternativa de gobierno en España.

El primer indicio es que, lejos de crecer en las últimas elecciones, el número de votantes de esta formación ha disminuido. Y no ligeramente, sino en algo más de un millón de personas. Esta importante pérdida de votos es muy significativa si se tiene en cuenta que Podemos ha concurrido a las pasadas elecciones con un partido político consolidado en nuestro  panorama electoral, como es Izquierda Unida.

El segundo indicio es que la constante exhibición pública de sus líderes, que no han dejado de predicar machaconamente su “catecismo político”, tratando de generar una ilusión en el electorado, ha acabado por hacer evidente que pretenden ganarse el favor de los votantes mediante halagos y concesiones que son muy difíciles, por no decir imposibles, de cumplir.

Y no hay que descartar que movimientos similares en otros países como Venezuela y Grecia hayan advertido a la ciudadanía que la estrategia de estas formaciones populistas es ofrecer lo imposible para conquistar el poder. Y que una vez que logran estar donde querían, el pueblo –cuyo nombre manosean hasta conseguir sus objetivos-, ve con impotencia cómo su posición empeora sensiblemente.

El tercer y último indicio es que solo en un sueño de juventud puede uno llegar a creer que en el primer tercio del siglo XXI una Nación tan vigorosa como España pueda haber iniciado un camino imparable hacia el comunismo o el populismo. No se puede negar que la crisis sacudió severamente las economías más modestas, ni tampoco que empobreció a una parte significativa de la hasta entonces potente clase media. Pero de ahí a predicar que la mayoría de los españoles vamos a votar en los comicios venideros a los comunistas o populistas media un abismo.

Así que, señores de Podemos y adláteres, es hora de que despierten de una vez de su inmadura ensoñación (propia de los efluvios de los movimientos juveniles de las asambleas de facultad) y aterricen en la realidad de que España es una pujante economía de la Unión Europea a la que cuanto más la dejen caminar sin hipotecas populistas en mayor medida se convertirá en el puerto de abrigo más seguro para las clases más necesitadas.          

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