El riesgo de entregar nuestra libertad a cambio de mentiras

Publicado por el jun 19, 2016

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La 5ª acepción de la palabra “libertad” es “en los sistemas democráticos, derecho de valor superior que asegura la libre determinación de las personas”. Este es el significado que tiene en el artículo 1 de nuestra Constitución cuando dice que el Estado social y democrático de Derecho en que se ha constituido España propugna la libertad como uno de los valores superiores de su ordenamiento jurídico. Pues bien, en las líneas que siguen me propongo demostrar que los ciudadanos españoles corremos el riesgo de “regalar” nuestra libertad si nos dejamos seducir por una serie de mentiras hábilmente maquinadas.

La gran mentira es que España se ha convertido en un país asolado por la pobreza. A esto se refieren en el ABC de hoy dos de sus más destacados articulistas: Luis Ventoso e Ignacio Camacho. El primero, afirma que no le encaja la multitudinaria presencia de aficionados españoles en las gradas de Niza con motivo del partido de la selección española de fútbol. Y se pregunta: “¿Cómo había conseguido ir hasta Niza toda aquella tropa, miles de personas, sabiendo como sabemos que es una de las ciudades más caras de Europa y que los españoles estamos sobreviviendo con el botijo y el bocata de mortadela, mientras esperamos un desahucio inminente?”. Y el segundo sostiene que algún día no muy lejano se sabrá “qué clase de factores de psicología colectiva han hecho posible el exponencial crecimiento de una prédica mentirosa hasta convertirla desde la cháchara televisiva en alternativa de poder”.

Habrá otras explicaciones de cómo se ha gestado esta gran mentira. Pero, sin duda, habrá contribuido a ello la descarada manipulación que hacen ciertos líderes políticos de nuestra datos económicos. Sobre ello, conviene leer el excelente artículo de María Jesús Pérez y Susana Alcelay, publicado también en el ABC del pasado día 16 de este mes, titulado “Las grandes mentiras en materia económica de la campaña electoral”, en el que, entre otras, recuerdan las siguientes falsedades: “el gobierno ha rescatado a los banqueros”, “ZP bajó a 30 días el coste del despido y el PP a 20 días”, “el 43% de los españoles no se va de vacaciones” (Pablo Iglesias); o “la formula de la derecha es recortar las pensiones” y “la reforma fiscal ha bajado los impuestos al 10% más rico” (Pedro Sánchez).

Con toda probabilidad, el asedio informativo a que estamos expuestos nos impide valorar y someter al imprescindible análisis crítico las repetitivas comunicaciones propagandísticas que recibimos. Y acabamos por creerlas. Lo cual nos ha llevado a interiorizar que hemos dejado de ser una de las grandes economías europeas y que nos hemos convertido en una Nación arruinada que es necesario salvar. De ahí a entregar nuestros votos a los “salvapatrias” que nos prometen la “Arcadia feliz” por tan módico precio hay un trecho tan fino que apenas cuesta recorrerlo.

Lo que ocurre es que siempre que esos sedicentes conductores de las masas populares (los füherer y demás dictadores de turno) han alcanzado el poder se han hecho progresivamente con todos sus resortes. Y el primer medio del que se han valido para no tener que abandonarlo es restringir poco a poco la libertad hasta hacerla desaparecer. Por desgracia, lo que enseña la realidad es que una vez que alcanzan el poder, aunque sea por vías democráticas, cuesta muchísimo que lo dejen. Hay todavía vigentes ejemplos antiguos (Cuba o Corea del Norte) y otros más recientes que se deslizan por esa pendiente (Venezuela).

Visto lo cual, me permito recordarles que “lo bueno que tiene la libertad es que permite decir lo malo que es no disfrutar de ella”.

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