La experiencia en política

Publicado por el jun 12, 2016

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Antonio Machado pone en boca de Juan de Mairena las siguientes consideraciones. Tres clases de juicios conocemos, mediante los cuales expresa el hombre su incurable aspiración a la objetividad: el juicio de “creencia” (Dios es justo), el juicio de experiencia (el hombre es mortal) y el juicio de razón (dos y dos son cuatro). Pues bien, tengo para mí que tanto el juicio de creencia como el de razón no están indefectiblemente ligados a la edad, al contrario que el de experiencia que depende absolutamente, además de otras circunstancias, del largo tiempo vivido.

En pocos días, se van a celebrar nuevamente elecciones generales y solo uno de los cuatro líderes que figuran como cabezas de cartel puede hacer uso de los tres clases de juicios mencionadas: Mariano Rajoy. La escasa edad de Pedro Sánchez, de Pablo Iglesias y de Albert Rivera, así como no haber ocupado cargos relevantes en la Administración Pública ni en el ámbito empresarial, impide que puedan servirse del “juicio de experiencia”.

Lo que acabo de señalar no sería importante de no ser porque los tres partidos que lideran, el PSOE, Podemos y Ciudadanos, tampoco cuentan con suficiente gente de peso y experiencia. Puedo llegar a compartir la opinión de los que creen que no conviene exagerar la importancia de la experiencia. Pero una cosa es sobrevalorarla y otra muy distinta prescindir prácticamente de los saberes que proporciona esta importante cualidad humana.

Tal vez por eso, y una vez que pasen las elecciones del 26 de junio, convendría que los partidos con cuadros sin suficiente gente experimentada se replantearan la conveniencia de instaurar lo que tanto valor tuvo en civilizaciones anteriores, los llamados “Consejos de Ancianos”, que deberían estar compuestos por gente con la suficiente experiencia en política como para aconsejar no incurrir en errores pasados. Para que se me entienda bien, voy a poner dos ejemplos publicados en la prensa de hoy de errores cometidos en el pasado, cuyas consecuencia conocemos los que ya hemos vivido bastantes años, y que la experiencia aconseja no volver a cometerlos.

El primero es la irrupción de varios integrantes de las juventudes de la CUP en un acto electoral de Albert Rivera, al grito de “independentismo, socialismo, y feminismo” y con pancartas que pedían en catalán “rompamos con España” (ver ABC página 22). Y el segundo el incendio intencionado de dos iglesias en Narón (Ferrol), la de Sedes y la de San Vicente de Placente (ver La Voz de Galicia página 13). No parece que ambos actos, sin conexión alguna entre sí, sean simple fruto de la casualidad. A alguien se le habrá ocurrido llevar a cabo ambas tropelías y seguramente sus autores informaron previamente de ellas a sus “superiores”. Pues bien, contar entre éstos con gente de experiencia tal vez habría impedido que los “fogosos” ejecutores de las mismas las hubieran llevado a cabo.

 

 

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