Los nuevos debates electorales

Publicado por el may 25, 2016

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Los que vivimos el día a  día en pleno contacto con la ciudadanía y demás gente que vive en el olvido de los del montón sabemos que la política no pasa por sus mejores momentos. Estamos saciados de tanto juego político, sobre todo después de cuatro meses de reuniones inútiles en las que había algunos que creían saber lo que había querido el pueblo y a pesar de ello eran incapaces de ofrecernos lo que, al parecer, con tanta claridad les habíamos dicho.

Este indiscutible hartazgo por la política provocó cierto pánico ciudadano cuando nos vimos inmersos en unas nuevas elecciones en las que no había habido cambio alguno en los líderes que componían el cartel. Fue como si nos invitaran a volver a asistir a sesiones de toreo de salón por los mismos espadas o, si se prefiere otro símil, como si nos obligaran a ver de nuevo una película sin guión en la que los actores monologaban sin escucharse, dando cada uno su mensaje de espaldas a los otros, y sin importarles en absoluto los espectadores.

Se aproxima el momento en que el riesgo de fatigarnos con nuevos episodios electorales está a punto de convertirse en un serio siniestro. No tardará en comenzar la campaña electoral y los medios de comunicación a falta de otras noticias van a martillearnos los oídos con el tormento de vanidades, infantilismos, necedades e incompetencias, que de todo hay.

Y en éstas estamos cuando resuenan las discusiones entre los partidos sobre si debates sí o debates no, si debates solo a dos o a cuatro. Y seguramente tanto los directores de campaña como los propios líderes políticos estarán convencidos de que estamos ansiosos por volver a ver cómo se insultan, cómo se reprochan errores pasados, cómo hablan solo de lo que hay que hacer, pero sin decirnos cómo ni cuánto nos va a costar, y de cómo manipulan el dolor del pueblo prometiéndole irresponsablemente lo que saben de sobra que no pueden cumplir.

¿Creerán de verdad los políticos que necesitamos que se tiren los platos a la cara en público o escucharles chorradas para saber a quién vamos a votar? ¿Por qué no nos indultan? ¿Por qué no deciden avergonzarse y hacerse lo menos visibles posible? Estoy seguro de que no serían pocos los que se lo agradecerían.

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