DON QUIJOTE Y LA SOMBRA DEL OBISPO GUEVARA

Publicado por el may 12, 2016

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Un viaje cervantino de Antonio Seijas a través de un cuento de Ramón Loureiro

La tarea de presentar una obra literaria se asemeja bastante a la función de unos prismáticos. Éstos, correctamente utilizados, acercan la figura observada. Pero si se mira por ellos al revés, la empequeñecen y la alejan. Por eso, una buena presentación debe acercar la figura, en este caso, de sus autores a los asistentes, para que, de este modo, puedan tener una visión lo más completa y cercana de los mismos.

Pero en un acto como éste el presentador debe hacer algo más, ha de hablar de la obra y la empresa que, por fortuna para los lectores, ha tenido el acto de valentía de editarla, la Editorial Trifolium de XAN ARIAS.

Avanzado el esquema de mi intervención, comienzo por los autores. A primera vista, estamos ante un narrador, RAMÓN LOUREIRO y un joven maestro de las artes plásticas, ANTONIO SEIJAS, concretamente en el arte de ilustrar, palabra ésta minusvalorada por el Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia, cuya tercera acepción es: “Adornar un impreso con láminas o grabados alusivos al texto.”. Y digo que se minusvalora esta palabra porque ilustrar puede ser mucho más que ADORNAR UN IMPRESO CON LÁMINAS Y GRABADOS ALUSIVOS AL TEXTO, es también, si me lo permiten, incorporar arte plástico en un impreso con láminas o grabados alusivos al texto.  Y este es precisamente el caso de la ilustración que ha hecho ANTONIO SEIJAS.

En efecto, ANTONIO SEIJAS hace mucho más que adornar: describe con imágenes dotadas de una gran creatividad plástica y originalidad los pasajes que va narrando con su excelente prosa el escritor RAMON LOUREIRO, uno de los narradores más imaginativos de nuestro panorama literario. De tal modo que gracias a una doble creatividad, la del ilustrador y la del escritor, nuestro cerebro va captando una historia única haciendo honor al significado originario de la palabra griega “grafos” que significaba tanto algo escrito como algo dibujado o pintado. Pues bien, RAMON y ANTONIO, cada uno ejecutando su pensamiento creativo con sus respectivos instrumentos, la palabra y la imagen, nos ofrecen sintetizado en un único soporte material, la obra, el fruto de su talento.

Lo que acabo de decir me introduce directamente en la obra. Dice GOMBRICH en su “Historia del Arte” que “no existe el Arte. Solo hay artistas”. No me atrevo a contradecir a tan eminente autoridad, pero no estoy muy seguro de que los artistas hagan siempre arte. Con esto quiero decir simplemente que no todas las obras de un autor tienen el mismo nivel.

Pero vayamos a lo que aquí nos importa. El “don quijote y la sombra del Obispo Guevara”  es indiscutiblemente una obra de arte, de lo que podría calificarse –y perdónenme que me invente la palabra- como “PINTALITERATURA”. Y lo digo porque si bien en la distribución del espacio de la obra parecen a primera vista tener más peso las imágenes que las palabras, hay a lo largo de las páginas un relato escrito a mano, debido a la caligrafía de LOUREIRO, que acaba igualando  los dos componentes instrumentales de la obra.

Otro rasgo importante de la obra es que se trata del personal homenaje que rinden los dos autores al genial Miguel de Cervantes Saavedra con motivo del cuarto centenario de su muerte que tuvo lugar el 23 de abril de 1616. Y es un homenaje “gallego”, y no solo porque los dos autores lo sean, sino por los anclajes a los que sujetan su creación.

El obispo Guevara es protagonista del relato porque aparece citado expresamente por Cervantes en el prólogo de EL QUIJOTE cuando dice “Si (tratáredes) de mujeres rameras, ahí está el Obispo de Mondoñedo (Fray Antonio de Guevara), que os prestará a Lamia, Laida y Flora” (que trata de estas tres mujeres en el capítulo LXIII de sus Epístolas familiares, escritas en 1539). Y por aquí sale la conexión entre el obispo Guevara y RAMON LOUREIRO, porque para éste es todo un acontecimiento que en el prólogo de la obra cumbre de la novela universal se mencione a un personaje que habitó en la Tierra de Escandoi, la última de las Bretañas posibles, situada entre Mondoñedo y Ferrol. Y explica también la intervención de Antonio Seijas, nativo asimismo de Escandoi, concretamente de Ares, quien es hoy una verdadera realidad entre los más acreditados y prometedores artistas plásticos gallegos.

Para finalizar, de TRIFOLIUM y su verdadero artífice XAN ARIAS, hay que destacar su arrojo empresarial por arriesgarse a abordar la publicación de obras como ésta y felicitarlos, sobre todo, por lo magníficamente que está editada la obra. Me parece todo un acierto editorial que merece el mayor de los éxitos comerciales.

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