Las visiones del alma

Publicado por el May 6, 2016

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Empleo la palabra “alma” en su segunda acepción gramatical: “sustancia espiritual e inmortal de los seres humanos”. Según esto, todos los seres humanos tenemos alma, pero creo que no me equivoco si digo que la sustancia espiritual e inmortal de cada uno de nosotros está impregnada no solo de distintos valores, sino que en los coincidentes es diferente la intensidad.

Me explico: si la bondad es un atributo del alma, ni todos los seres humanos son buenos, ni los buenos los son en  igual medida. Hay algunos seres humanos que tienen una actitud real ante la vida que demuestra un inmensa bondad.

Hoy he almorzado con un amigo que tiene una joven hija que renunció a su muy cómoda vida familiar para convertirse en Misionera de la Caridad, congragación fundada por la madre Teresa de Calcuta. Después de una durísima preparación –desde la perspectiva de mi confortable vida- dedican su vida por entero al cuidado, mediante un servicio de amor, de los pobres más pobres, los enfermos más graves e incurables y a los humanos con hirientes discapacidades. Si me perdonan la expresión, porque la utilizo solamente a efectos de describir con la mayor dureza mi pensamiento, se entregan por entero a lo que los más insensibles podrían considerar la “basura humana”.

Esta Misionera de la Caridad fue destinada a ejercer su “misión de amor” a un pequeño pueblo de Albania, de dónde la acaban de trasladar a otro en el que, al parecer, los seres humanos a su cuidado están todavía en peores condiciones.

Si no recuerdo mal, mi amigo me contó que solo pueden verla dos veces al año y que se comunican con ella mediante una carta de periodicidad mensual. En la última que recibió, la Misionera de la Caridad le contaba a su padre que en su nuevo destino los humanos receptores de sus cuidados y atenciones estaban en peores condiciones que en el pueblo anterior. Y empleó una frase que me impresionó y cuyo sentido, más que su literalidad, quiero compartir con ustedes: a través de las caras demacradas y cadavéricas de mis enfermos llego a descubrir el rostro del Señor.

Mi amigo solo me leyó este pasaje de la carta, pero para mí fue suficiente para comprender de inmediato que hay almas, muy pocas, que tienen una visión privilegiada que solo se consigue cuando se ama profundamente y sin reservas al ser humano.

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