Letras inclinadas en señal de reverencia

Publicado por el abr 23, 2016

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Llevaba algún tiempo pensando en escribir algo suficientemente digno como para subirlo a su blog el día 23 de abril en que se cumplía el cuarto centenario de la muerte de los dos escritores más grandes que ha dado la humanidad: Miguel de Cervantes y Willian Shakespeare.

La verdad era que no lo tenía nada fácil porque se trataba de dos genios de la literatura que habían escrito obras que seguían leyéndose y estudiándose cuatrocientos años después de su fallecimiento. Además, durante estos cuatro siglos se habían escrito miles de páginas sobre sus vidas y su producción literaria y, por si ello fuera poco, con motivo de la conmemoración del mencionado cuarto centenario los mejores literatos de nuestros días venían resaltando en los medios de comunicación distintos aspectos de sus respectivas trayectorias humanas y literarias.

Ante las que parecían tan insalvables dificultades se le ocurrió escribir algo general sobre los libros, ya que habían sido los soportes sensibles en los que ambos autores habían volcado sus respectivos intelectos creadores. Y lo primero que pensó fue que, frente a los libros, no todos mostramos la misma actitud. Hay quienes apenas sienten el más mínimo interés por ellos y hay otros, en cambio, que los veneran. Por su parte, la mayoría de la gente se muestra, como en casi todo, bastante indiferente: para enterarse de lo que le interesa, prefiere escuchar y ver los medios audiovisuales, que tener que hacer el esfuerzo de leer.

Y sin embargo, él estaba convencido de que los libros atesoran riquezas espirituales impagables. Quienes los escriben, lo hacen porque tienen algo que decir o que contar. Han pasado su intelecto por los distintos sectores del saber o de la actualidad, o han adentrado su espíritu en el ámbito de su desbordante imaginación, para comunicarse con los lectores: para instruirlos, informarlos o entretenerlos. Creía además que el sólo hecho de escribir supone un esfuerzo que es propio de un espíritu sumamente generoso. Es posible que el impulso de escribir sea fruto de una necesidad del autor. Y es posible también que la decisión de publicar lo escrito no esté exenta de ciertas dosis de vanidad. Pero pensaba que quien escribe y publica, da en cada una de sus obras una parte de sí mismo, de su saber o de su mundo de ficción. Y la mayoría de las veces a cambio de nada o de muy poco.

Leyó varias veces lo que había escrito antes de acostarse y sin saber muy bien la razón decidió retrasar hasta el día siguiente su inserción en el blog.

No pasó una buena noche. Había estado soñando y hasta creía haberlo hecho con don Miguel de Cervantes, el cual le había confirmado que era cierto lo de que sus orígenes estaban en las  maravillosas montañas de los Ancares lucenses. Y ello, no sólo porque sus dos apellidos CERVANTES y SAAVEDRA eran   topónimos de estos parajes, sino porque él mismo, al comienzo del Capítulo XXXIX de la Primera Parte de su Quijote, había puesto en boca del Cautivo, que su linaje tuvo principio en un lugar de las montañas de León, que tras la división provincial de 1833 habían pasado a pertenecer a la provincia de Lugo.

Al amanecer, cuando abrió el ordenador y accedió al artículo que había dejado escrito la noche anterior comprobó asombrado que todas las letras habían perdido su verticalidad y estaban inclinadas hacia la derecha. Intentó enderezarlas haciendo uso de todas las herramientas del ordenador. Pero todo resultó ineficaz. De repente pensó que las letras estaban encorvadas haciendo una merecida reverencia a tan grandes genios de la literatura. Las dejó así y subió lo que había escrito a su blog.

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