La suerte de Mateo Medianía

Publicado por el abr 15, 2016

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Mateo Medianía nació en una aldea minera en El Bierzo de padre desconocido pero voceado. Y es que las “noselodigas” a nadie del pueblo no se cansaron de pregonar a quienes quisieran oírlas que era hijo de un minero de Cabo Verde. Lo cual explicaba su color moreno y su pelo rizado.

Pronto destacó por su viva inteligencia. Siendo aún un mozalbete no tardó en convertirse en el líder de su pandilla muchos de cuyos integrantes eran mayores que él. Y observando la maestra del pueblo su extraordinaria capacidad para los estudios le consiguió una beca con la que pudo acabar el bachillerato con muy altas calificaciones.

Cuando cumplió dieciocho años, se trasladó a vivir a León y entró a trabajar de vigilante nocturno en un Hotel, gracias a lo cual pudo estudiar con magníficas notas la carrera de Veterinaria.

Tras varios intentos infructuosos logró entrar con un contrato indefinido y un buen sueldo en el Departamento de Análisis de los Alimentos de una importante empresa radicada en aquella ciudad.  A los treinta años lo nombraron Director del Departamento y cinco años después era Director General.

Un buen día volvió a su aldea y se encontró con varios amigos de su infancia. Ninguno había acabado el bachillerato. Uno, al que le iba mejor, era picador en una mina de carbón, había algún otro que trapichaba con droga, y los más iban tirando con trabajos ocasionales, la prestación por desempleo y las prestaciones sociales no contributivas.

Los citó a todos en un restaurante de Ponferrada y los invitó a comer. Recordaron viejos tiempos, pero solamente pudieron hablar de cuestiones intrascendentes, como el fútbol y las mujeres. Cuando se habían agotado esos temas, uno de los comensales se refirió a modo de justificación de su fracaso y del éxito de Mateo, al factor suerte: la mala de los que se habían quedado en la aldea y la buena de su amigo el Director General.

Mateo pensó responderle con la conocida frase: “es verdad, cuanto más trabajé en mi vida más suerte tuve”. Pero se limitó a decirles a todos algo en lo que llevaba pensando algún tiempo: “todo lo que nos ha diferenciado la “suerte” que yo he tenido en el ámbito profesional y económico, lo va corrigiendo la “suerte” que tenéis muchos de vosotros en que, gracias a nuestro sistema tributario, inspirado en los principios de igualdad y progresividad, disponéis de unos servicios públicos razonables y un sistema prestacional aceptable”.      

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