El dios menor llamado “suerte”

Publicado por el mar 27, 2016

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En alguna ocasión anterior, intenté resaltar la ingente e incontrolable sobredosis de aleatoriedad que existe en el momento de nuestra concepción. Tanto me preocupa este hecho que traté de reflejarlo en un relato corto, de tono surrealista, titulado “Gnoseón y el reino de las tres monedas” que encabeza el Libro “En la frontera”, una obra colectiva gestionada por FIDE.

Pues bien, acabo de leer un libro muy interesante escrito por el neurocirujano británico, Henry Marsh, “Ante todo no hagas daño”, cuya lectura revela que si nuestro destino nos depara sufrir una enfermedad cerebral la posibilidad de salir o no de ella depende de la suerte.

Lo dice el propio Doctor Marsh en el Prólogo de su obra: “gran parte de lo que ocurre en los hospitales es cuestión de suerte, y la suerte puede ser buena o mala. El médico pocas veces tiene control alguno sobre el éxito y el fracaso. Saber cuándo no hay que operar es tan importante como saber operar, y la experiencia en lo primero es más fácil de adquirir”.

La lectura de los distintos episodios médicos que va relatando en primera persona Henry Marsh, en los que condensa básicamente su experiencia como neurocirujano, demuestra la certeza de sus palabras sobra la importancia del factor suerte. Y es que en numerosas de esas operaciones se produjeron errores médicos de fatales consecuencias para el paciente, debidos muchos de ellos al factor humano.

A pesar de que se trata de una obra sobre medicina, y de que se narran con toda crudeza episodios que versan sobre casos en los que el paciente camina sobre el delgado hilo que separa la vida de la muerte, personalmente he llegado más allá de lo que pretendía el autor.

En efecto, el doctor Marsh escribe “ no pretendo minar la confianza de la gente en los neurocirujanos –ni en la profesión médica, ya puestos-, pero confío en que este libro ayude a comprender las dificultades, tan a menudo más de naturaleza humana que técnica, a las que se enfrentan los médicos”.

Pues bien, en mí el libro, lejos de socavar la confianza en la clase médica, me ha ayudado a comprender que hay que darle al factor humano la importancia que tiene y que en la medicina, como en todo –e insisto desde el momento mismo en que existimos- la suerte, buena o mala, puede jugar un papel determinante. Lo cual no me impide recordar las sabias palabras de Baltasar Gracián cuando decía en su Arte de la Prudencia, que “la buena suerte tiene sus reglas, no todo son casualidades para el sabio; el esfuerzo puede ayudar a la buena suerte”.

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