¿Y ahora qué?

Publicado por el Mar 4, 2016

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Hasta ahora ha ido sucediendo lo que prevén los 3 primeros apartados del ya famoso artículo 99 de la Constitución: después de las consultas con los partidos, el Rey propuso un candidato a la presidencia del gobierno; el candidato propuesto expuso su programa y solicitó la confianza de la Cámara; y tuvieron lugar las dos votaciones previstas sin que en ninguna de ellas el candidato, el señor Sánchez, fuera investido presidente (otro récord más del líder del PSOE después de quedar de cuarto por Madrid y tener el peor resultado del PSOE en la reciente historia democrática).

Entramos a partir de ahora en lo que establece el apartado 4 el citado precepto constitucional, que establece que si no se lograra la confianza, que fue lo que sucedió, “se tramitarán sucesivas propuestas en la forma prevista en los apartados anteriores”. Lo cual quiere decir, de entrada, que la propuesta del Rey referida al señor Sánchez ha caducado, esto es, el señor Sánchez ya no es eso que tanto le gustaba y que gestualmente él mismo lo equiparaba casi con haber obtenido la presidencia del gobierno: ser el candidato designado por el Rey para obtener la confianza de la Cámara.

Ahora volvemos al principio, el Rey previa consulta con representantes de los partidos propondrá un candidato a la Presidencia del Gobierno. ¿Tiene que ser el propuesto ahora necesariamente uno distinto al señor Sánchez? El artículo 99 no dice nada al respecto, pero lo lógico es inclinarse porque sea otro diferente porque el señor Sánchez ya consumió de su turno.

Desconozco si Mariano Rajoy va a hacer uso de la indiscutible condición de ser el candidato del partido más votado para solicitar al Monarca que lo proponga como nuevo candidato a la Presidencia del Gobierno. El presidente en funciones, al contrario de lo que le sucede a Sánchez, no está quemado tras una investidura fallida, y es él, y no el candidato del principal partido de la oposición que ya lo ha intentado sin conseguirlo, el que está “inmaculado” para intentar “recomponer” una mayoría suficiente para gobernar.

¿Lo conseguirá a partir de ahora? Lo va a tener difícil por la fobia personal que le tiene el señor Sánchez, que parece haber recibido del destino la misión de impedir como sea que Mariano Rajoy siga siendo presidente del gobierno. Pero si Mariano Rajoy aceptara la casi totalidad de lo que le propuso Albert Rivera al señor Sánchez y añadiera en el programa pactado todavía alguna medida social más que admitiesen los presupuestos aprobados, ¿cómo podría negarse el señor Sánchez al menos a abstenerse? ¿No se vería en ese caso con una claridad absoluta que el señor Sánchez solo identifica el interés de España con cualquier coalición en la que el candidato sea él? Desde luego, si llegara a suceder lo que acabo de exponer, habría que agradecerle al señor Rivera el que hubiera evitado un acuerdo entre el PSOE y Podemos.

¿Es todavía posible que pacten el PSOE y Podemos? Si sigue el frente del partido socialista el señor Sánchez sí. Su ambición parece desmedida y un dato de la finalizada sesión de investidura que lo corrobora es su tibia reacción ante el inadmisible ataque personal que le hizo Pablo Iglesias a Felipe González. ¿Cómo puede el líder de un partido pactar con alguien que insultó tan gravemente a uno de los activos más importantes del PSOE? ¿Sería de fiar alguien con tan poca “dignidad de partido” que acaba pactando con el que acusó de terrorismo de Estado al ex presidente del gobierno Felipe González? ¿Y qué decir de su apoyo al etarra Otegui?

Pero no hay que descartarlo. Pablo Iglesias actuó hoy como una serpiente que tienta con la manzana prohibida al señor Sánchez, y no estoy completamente seguro de que no consiga seducirlo finalmente. Por dos razones. Porque sería, por fin, presidente del gobierno y porque tiene frente a Pablo Iglesias un enorme complejo de no ser “tan de izquierdas”.

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