¿Está practicando Pedro Sánchez la corrupción electoral?

Publicado por el Feb 15, 2016

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La cuarta acepción de la palabra “corrupción” es “en las organizaciones, especialmente en las públicas, práctica consistente en la utilización de las funciones y medios de aquellas en provecho, económico o de otra índole, de sus gestores”. El problema que planteo es si el PSOE y los demás partidos políticos que negocian la investidura (todos, por tanto, organizaciones públicas) están incurriendo en la práctica consistente en utilizar sus funciones y medios en provecho electoral (y consiguientemente económico) de sus gestores, especialmente de Pedro Sánchez.

Hasta ahora, y llevamos ya 38 años de democracia, después de cada renovación electoral del Congreso de los Diputados, los partidos contendientes adoptaron las decisiones siguientes. En el bipartidismo, el partido perdedor reconocía su derrota, felicitaba al ganador, comunicaba que se hacía a un lado para que la formación política triunfadora formase gobierno, y si el resultado electoral había sido malo el hasta entonces líder de la formación anunciaba su dimisión irrevocable. Por su parte, el partido ganador celebraba su triunfo, y solo cuando no tenía mayoría absoluta, iniciaba las consultas con las demás formaciones minoritarias para conseguir la investidura.

Tras las elecciones del 20 de diciembre pasado se produjeron las siguientes anomalías. En su comparecencia pública, el señor Sánchez, después de haber obtenido el PSOE el peor resultado de la reciente historia democrática y de haber quedado él cuarto por Madrid, no anunció que dimitía irrevocablemente y –lo que es más sorprendente- no tardó en declarar, cosa que reiteró por activa y por pasiva, que jamás apoyaría al partido ganador.

Vistas las cosas ahora, seguramente Pedro Sánchez, tras examinar los resultados, advirtió que tenía una posibilidad de convertirse en presidente del gobierno. Pero para ello tenía que romper con dos usos democráticos: a pesar de perder con estrépito tenía que mantener la indigna postura de no dimitir y tenía que anunciar a los demás partidos que, si bien le correspondía al PP la iniciativa de formar gobierno, jamás lo iba a conseguir porque le negaría reiteradamente su apoyo.

El sorprendente incumplimiento por el señor Sánchez de estas dos costumbres democráticas lo ha llevado hasta donde está: tratando de cumplir el encargo del rey de lograr la investidura. Hecho éste que me parece –precisamente por la indicada inobservancia de los citados usos democráticos- la primera práctica corrupta electoral que puso en marcha el candidato a presidente del gobierno.

Pero no es ésta la única. Estamos oyendo diariamente a los representantes del PSOE que el pueblo español votó mayoritariamente por el cambio y a favor de un gobierno de progreso, razón por la cual el PP debe pasar a la oposición. A lo que añaden que los episodios de corrupción de este partido “deslegitiman” su triunfo en las urnas, convirtiéndose en un motivo más para que pase a la oposición a regenerase durante cierto tiempo.

Pues bien, ¿nos podrían precisar qué cambio votó el pueblo español? Por ejemplo, ¿todos los que no votaron al PP han votado por el abandono de la soberanía nacional? ¿Admitirían los nacionalistas una reforma de la ley electoral que no primara la circunscripción provincial?  ¿Están todos de acuerdo en mantenerse en la Unión Europea? ¿No es otra práctica de corrupción electoral engañar ahora a sus electores conviniendo pactos con formaciones respecto de los cuales afirmaron públicamente que jamás pactarían con ellos?  

Y en cuanto a la corrupción, sin negar en absoluto la que está asfixiando al PP, ¿es que el PSOE es un partido impoluto? ¿Cómo es posible que hablen de corrupción cuando es el partido más corrupto sin añadir por ahora la corrupción electoral que están practicando?  

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