Investidura: votos y corrupción

Publicado por el ene 27, 2016

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Desde que se celebraron las elecciones generales el 20 de diciembre han saltado a los medios de comunicación dos nuevos casos de presunta corrupción, localizados en la Comunidad Valenciana, en los que aparecen implicados miembros del Partido Popular. A ellos hay que añadir la reapertura del caso de la destrucción de los discos duros de los ordenadores en los que se almacenaba la contabilidad del citado partido.

Estos tres sucesos pueden dificultar, sin duda, el camino de Mariano Rajoy hacia una nueva investidura, toda vez que pueden suscitar dudas en las formaciones políticas de las que depende la obtención de la mayoría suficiente para obtener la confianza del Congreso de los Diputados. Y es que ante el argumento indiscutible de que el PP fue el partido más votado, obteniendo la confianza de siete millones y medio de ciudadanos, puede haber quien oponga los numerosos casos de corrupción que salpican al partido y que van desvelándose paulatinamente con una cadencia que parece no tener fin.

Así las cosas, cabría plantearse si la investidura del PP con su líder al frente sigue siendo lo mejor para España. Desde luego, las dudas no obedecen a que de repente nuestro presidente en funciones haya entrado en una especie de merma de sus condiciones intelectuales y políticas, sino a que parece alzarse ante él un obstáculo, la galopante corrupción, que crece y crece y cada vez le está resultando más difícil saltar.

Pues bien, un análisis sereno de la situación debe llevar a otorgar más peso al argumento del voto de los siete millones y medio de españoles que a los graves episodios de la corrupción. En efecto, el marco en el que debe adoptarse la decisión de apoyar o no la investidura de Mariano Rajoy es el de la renovación del Congreso de los Diputados para una nueva legislatura. Lo cual significa que lo determinante son los resultados de las elecciones.

A esto hay que añadir que todos los episodios de corrupción pertenecen al pasado, es decir, no han sucedido después de las elecciones del 20 de diciembre. Lo que es actual de la corrupción es su conocimiento por el público. Y situados en esta perspectiva, lo que hay que averiguar es si el PP ha decidido seriamente poner en marcha medidas jurídicas para acabar con la corrupción. Es decir, lo que hay que mirar en un hecho futuro como es la investidura es la actitud actual, no la pasada, del PP frente a la corrupción.

Pues bien, todo parece indicar que el gobierno del PP, hoy en funciones, ha conseguido modificar profundamente la legislación en vigor (ley de transparencia, reforma del Código penal, etc.) para acabar con la corrupción y conseguir que los corruptos devuelven su botín a las arcas públicas.

Y es que si para la formación del nuevo gobierno, en lugar de los votos, atendemos a los episodios de corrupción, habría que mirar para todos los partidos con intervención determinante en la investidura. Y por desgracia para los sufridos ciudadanos no existe ninguna formación política con incidencia en la investidura que no tenga corruptos entre sus miembros.

Dicho más claramente, el PSOE y Podemos que intentan presentarse ahora como partidos impolutos tienen también militantes  implicados en casos de corrupción, y de esta última formación política, además de las investigaciones en curso sobre la financiación procedente de Irán, no tardarán en surgir noticias escalofriantes sobre la que obtuvieron del gobierno de Venezuela.

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