Las mareas asamblearias universitarias llegan al Parlamento

Publicado por el ene 2, 2016

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Los lectores que hayan pasado por la universidad saben de sobra, porque las habrán vivido, lo que son las “asambleas de Facultad”: reuniones informales de alumnos que debaten asuntos de lo más variado, desde los estrictamente universitarios a cualquier otro en el que pueda haber una víctima de una relación desequilibrada de poder. Las asambleas están promovidas y dirigidas por líderes estudiantiles con una manifiesta vocación política y suelen servir como banco de pruebas para ejercitarse en el dominio de la oratoria y en el cultivo de la utopía.

Y es que los que suelen manejarlas atraen los nobles espíritus de la juventud allí congregada criticando severamente el mundo en el que viven y proponiéndoles planes y proyectos asentados en doctrinas o sistemas que son irrealizables en el momento mismo de su formulación.

Evidentemente, las asambleas universitarias en el franquismo eran distintas a las democráticas. Entonces constituían foros de jóvenes que ansiaban la libertad democrática, lo cual era menos factible en los momentos de fortaleza del régimen que cuando a principios de los setenta se vislumbraba el final de la autocracia. Desde la implantación de la democracia, las asambleas luchan no pocas veces contra molinos de viento que se presentan ante los jóvenes sedientos de ideales como gigantes opresores de los más desfavorecidos. Sin faltarles un punto de razón, los nuevos predicadores asamblearios parecen más “arreglamundos de bar de la facultad” que verdaderos artífices de un estado de mayor bienestar.

Pues bien, lo característico de nuestros días es que esos movimientos asamblearios, convertidos en mareas, han ocupado algunos platós televisivos y han lanzado a los cuatro vientos sus planes de redención de los desheredados de la fortuna. El reducido recinto del claustro universitario dejó paso al estudio de televisión y el mensaje trascendió a la generalidad del público televidente que se convirtió en una gran asamblea virtual en la que se aseguraba a los espectadores rentas básicas generalizadas, viviendas gratis, no más desahucios, etc. Una letra muy agradable de escuchar con una música en la que se omitía cualquier referencia al esfuerzo y a las obligaciones.

Y como no era difícil de imaginar esas propuestas utópicas, trasladadas del reciento universitario al programa electoral, acabaron convenciendo a los que menos tienen y a los que menos esfuerzos les van a exigir supuestamente para llegar a tener, los cuales votaron ampliamente a sus autores.

Lo cual desembocó en la irrupción en el Congreso de los Diputados de los líderes asambleístas de facultad y sus seguidores. Ojalá que pudieran convertirse en realidades las propuestas utópicas de los arreglamundos de café de la facultad. Pero si el Congreso de los Diputados sigue siendo como fue desde la implantación de la democracia, tengo para mí que como cada sueño que propongan las mareas “podemitas” tendrá que ir respaldado por el correspondiente programa económico, se verá con absoluta nitidez que los supuestos enemigos de tales propuestas no son gigantes opresores del malvado capitalismo sino la verdadera realidad de nuestra situación económica.

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