¿Estamos en estado de emergencia social?

Publicado por el dic 29, 2015

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Al salir de la reunión mantenida en la mañana de ayer con Mariano Rajoy, Pablo Iglesias, en la comparecencia que tuvo lugar en la Moncloa, dijo, entre otras cosas, que lo más urgente era plantear una iniciativa legislativa de “emergencia social”, esto es, “una situación social de peligro o desastre que requiere una acción inmediata” (Diccionario de la RAE).

En las líneas que siguen, y basándome en datos, voy a tratar de contradecir esta opinión del líder de Podemos, el cual habla sin duda para sus bases y votantes, a los que yo, en cambio, no me debo.

Para someter a contraste la afirmación de Pablo Iglesias me he servido de los datos que ofrecen los Barómetros del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), y para sacar mis conclusiones comparé los del último Barómetro publicado el de noviembre de este año con los de noviembre del año 2005 que pasa por ser uno de los mejores años de nuestra más reciente economía.

De las preguntas y respuestas que constan en estos dos barómetros he seleccionado dos de carácter general y una referida personalmente al encuestado. Las de carácter general son “la situación económica general” y los “tres principales problemas” de España, y la personal es “cómo le afectan al propio encuestado” esos tres problemas. Veamos cómo fueron las respuestas.

En cuanto a la pregunta de cómo calificaría usted la situación económica general de España, las respuestas reflejan una clara diferencia entre la percepción general que tenía la gente de la situación económica en 2005 y la que tiene 10 años después.

En efecto, en noviembre de 2005, de las 10.371 personas entrevistadas, el 1,4 dice que la situación económica general es muy buena; el 27,5 buena; el 44,9 regular; el 18,2 mala; y el 6,3 muy mala. Mientras que de las 2.476 respuestas obtenidas en noviembre de 2015, un 0,3 entiende que es muy buena; un 3,8 que buena; un 29,8 regular; un 40,2 mala; un 25,4 muy mala.

Con respecto a la pregunta de cuáles son los tres principales problemas de España, en noviembre de 2005 eran el terrorismo que preocupaba al 41,7; el paro al 38,5 y los problemas de índole económica al 15,4. Mientras que en el último barómetro publicado en noviembre de 2015 son el paro un 55,4; la corrupción y el fraude un 14,7, y los problemas de índole económica un 8,7.

Finalmente, cuando se pasa a la situación personal del entrevistado y se le pregunta sobre cómo le afectan personalmente esos tres últimos problemas, en noviembre de 2005 responden un 10,8 que el paro, un 5,0 el terrorismo de ETA, y un 11,4 los de índole económica. En cambio en noviembre de 2015, el paro preocupa al 33,8; los de índole económica el 11,8; y la corrupción y el fraude al 4,9.

¿Qué conclusiones cabe extraer de estos datos? Lo primero que me indica mi sentido propio (lo que se suele llamar sentido común) es que los datos que acabo de reseñar no deben ser todos valorados de la misma manera. Y ello porque en las preguntas de carácter general a los entrevistados se les pide un “juicio de opinión”, mientras que cuando les interrogan sobre su situación personal emiten un “juicio de experiencia”. Y claro no es lo mismo “opinar”, es decir, hacer conjeturas sobre la certeza de algo, que hablar de las circunstancias vividas por uno mismo.

Valorados los datos con esta inicial depuración, mi primera conclusión es que hay un dato especialmente relevante, a saber: qué es lo que responden los encuestados sobre los problemas de “índole económica”. Obsérvese: en noviembre de 2005, los problemas de índole económica preocupaban al 15,4, mientras que en noviembre de 2015 a un 8,7. Es decir, cuando se “opina” que la situación económica general es mejor (año 2005) los problemas de índole económica preocupan a un 15,4, mientras que cuando se “opina” que la situación económica general es mala o muy mala tales problemas preocupan solo a un 8,7.

Y si de esta “opinión” pasamos al juicio de experiencia que emite sobre su propia situación personal el entrevistado los resultados son: en 2005 los problemas de índole económica afectan al 11,4, mientras que en 2015 al 11,8. Es decir, se opina que la situación económica es muy diferente (mala o muy mala en 2015 y entre buena y regular en 2005), en tanto que la afectación personal de los entrevistados es casi idéntica: un 11,4 en 2005 por un 11,8 en 2015.

¿Cómo interpretar esos datos? Cada uno de ustedes ha de obtener su propia conclusión pero la mía es que si hay que atenerse a los datos de experiencia más que a las “opiniones”, las personas que declaran que les afectan personalmente los problemas de índole económica han aumentado ligeramente entre 2005 y 2015: un 0,4%  más. Lo cual me hace pensar que –y siento contradecir a tantos que repiten una y otra vez lo contrario- que no estamos en estado de emergencia social.

Dicho lo cual solo me resta plantear las dos siguientes preguntas ¿a quién le interesa esa visión tan negativa de España? ¿Quién prefiere una España subsidiada en lugar de una España pujante y creadora de riqueza? Respóndanse ustedes mismos.

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