El odio al PP como problema para pactar

Publicado por el dic 22, 2015

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Dijo el canciller Otto von Bismark que «el político piensa en la próxima elección; el estadista, en la próxima generación». Con la perspectiva de los años que llevamos de democracia, se puede sostener que los que políticos que protagonizaron la transición eran verdaderos estadistas; y que desde hace unos años abundan los políticos que piensan únicamente en las próximas elecciones.

Los resultados de anteayer indican que vamos a entrar en momentos difíciles en el plano institucional. Sin embargo, a pesar de lo complicado que parece el camino en el que nos hemos metido, no creo que nuestra situación sea más comprometida que la de mediados de los años setenta del siglo pasado, cuando se extinguía un régimen autocrático y había que transformar las estructuras políticas de entonces en un sistema democrático. Y lo que era peor: había que hacerlo en medio de una crisis más severa que la actual provocada por la llamada crisis del petróleo con una inflación superior al 26 % y un paro que rondaba el 15 %.

La altura de miras y la generosidad de los dirigentes de entonces los llevó a situar en el centro de la política nacional el interés de las próximas generaciones y escribieron una de las páginas más brillantes de la reciente historia de España. Fue una época de estadistas que hizo que la sociedad civil de entonces tuviera un elevado concepto de la clase política. A los lectores que no vivieron la transición les puede parecer mentira que hubiera una generación de españoles que no fueron a la política a enriquecerse, y que tuvieran la grandeza de aparcar en momentos de urgencia nacional problemas partidistas que dividían las fuerzas imprescindibles para impulsar el cambio de régimen.

En la actualidad, España tiene muchos problemas que enumera cada día nuestra clase política. Pero, en mi opinión, hay un problema del que no se habla –y que no había entonces-: el odio a la derecha representada por el PP y Mariano Rajoy. Este obstáculo probablemente va a condicionar seriamente la actividad que deben desplegar en los próximos días los estadistas que militan en nuestra clase política y que deben buscar la deseada estabilidad.

Seguramente, muchos lectores recordarán que en todos los actos electorales en los que intervenía Pedro Sánchez no dejaba de atacar, a veces con saña, a Mariano Rajoy y al PP. De los tres partidos que con el PP han alcanzado anteayer los mejores resultados, solo hay uno, Ciudadanos, que no parece tener odio al PP, por lo que no será difícil que permita la investidura de Mariano Rajoy. En el extremo contrario está Podemos que odia con tanta visceralidad al PP que intentará por todos los medios a su alcance evitar que siga gobernando este partido y su líder actual.

La gran duda es la postura que mantendrá el PSOE. Es indiscutible que la actual Comisión Ejecutiva de este partido siente un odio visceral por el PP y por Mariano Rajoy, por lo que no debe esperarse demasiado que faciliten la investidura, salvo que –y ahora voy a eso- se vea obligada a obedecer.

En efecto, por fortuna para España, en el PSOE todavía hay estadistas que, lejos de andarse con odios partidistas, son capaces de anteponer el interés general de España a esos inexplicables odios a formaciones que no son enemigas, sino adversarias.

Por eso, si se hace un catálogo de temas centrales en los que puede haber criterios similares entre los partidos indiscutiblemente constitucionalistas (PP, PSOE y C’s) salen suficientes como para iniciar la presente legislatura que comienza –no se olvide- con los presupuestos de 2016 aprobados y con la posibilidad de prorrogarlos otro año más, tiempo durante el cual podrá gobernarse con suficiente estabilidad y enderezar los problemas más acuciantes.

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