Eslóganes electorales mágicos

Publicado por el dic 6, 2015

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En el cuento de Alí Babá y los 40 ladrones la roca que taponaba la cueva en la que guardaban sus tesaros robados se abría gritando las palabras mágicas «¡Sésamo, ábrete!». Pues bien, acaba de comenzar la campaña electoral y algunos de los candidatos han decidido recurrir al hechizo de nuevas palabra para obtener el mayor número de votos en las próximas elecciones generales del 20 de diciembre. Y así mientras hay alguna formación propone hacer una nueva transición, en otra se pide una nueva mayoría para el cambio.

Sin embargo, a poco que contrastemos el significado de estas palabras con la realidad actual a la que pretenden ser aplicadas, se comprueba que no son más que meros eslóganes electorales muy imprecisos con los que se trata de hipnotizar a los electores.

En efecto, si la palabra “transición” aplicada a la política alude al paso de una situación a otra, tras la muerte de Franco en 1975 tenía pleno sentido emplear esa palabra, porque se trataba de efectuar nada más y nada menos que el paso de un régimen autocrático a una democracia.

En las actuales circunstancias, ¿se puede hablar en rigor de una nueva transición? Parece que se emplea esta expresión para referirse al paso de la actual situación de bipartidismo a otra en la que el voto va a repartirse entre nuevas formaciones políticas emergentes. Pues bien, calificar este panorama político como una nueva transición me parece muy pretencioso. En España, salvo en las contadas ocasiones en que hubo mayorías absolutas, siempre se gobernó con el apoyo más o menos explícito de otras formaciones políticas minoritarias. El hecho de que entonces fueran partidos nacionalistas y ahora vayan a serlo de ámbito nacional es un cambio relevante pero no de tanto alcance como para hablar de una nueva transición. Y si lo que quieren decirnos es que la nueva transición consiste en un nuevo modo de gobernar (sin corrupción, con primarias, nueva ley electoral, etc.) entonces hablar de nueva transición me parece sobrevalorar tanto sus propuestas que están rozando los límites de la soberbia.

Lo mismo cabe decir de la palabra “cambio”. En un principio me pareció que lo que propugnaba el PSOE era un cambio en el terreno de las libertades (más) y en el de los recortes económicos (menos). Pero ha bastado el transcurso de unas horas para saber en qué consiste el cambio: simplemente en unirse todos para desalojar al PP del gobierno. Es decir, se trata de cambiar a Mariano Rajoy por Pedro Sánchez.

La razón básica que se alega es que hay que desalojar del poder a la nefasta (¿?) derecha. Y claro entonces nos vienen de inmediato a la mente las comparaciones y las preguntas surgen por sí solas: ¿nos están proponiendo que dejemos la senda del crecimiento en la que nos encontramos según todos los indicadores para volver a a la etapa del despilfarro y de las ocurrencias, como por ejemplo el nefasto Plan E? ¿Tienen credibilidad los que nos susurran cantos de sirenas como acabar con los recortes cuando fueron los verdaderos causantes de que hubiera que practicarlos?

Todo parece indicar, sin embargo, que la causa real de la obsesión que tiene el señor Sánchez con Mariano Rajoy radica en que la única posibilidad que tiene de continuar al frente del PSOE es sustituirlo al frente de la jefatura del gobierno. Pues de no conseguirlo, parece que sus días estarían contados. ¿Por qué no desvelan entonces que lo de las libertades y los recortes son los eslóganes electorales en los que se ampara el señor Sánchez para tratar de llegar a la Moncloa?

El rico y sabio refranero español recuerda que “piensa el ladrón que todos son de su condición”. ¿Está pensando en su propia situación personal el señor Sánchez cuando dice que la va a aplicar a Rajoy la reforma laboral para despedirlo del gobierno? ¿No le está traicionando su subconsciente porque sabe que será despedido de la Secretaría General por sus compañeros de partido si no logra ser presidente del Gobierno?

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