A favor del voto responsable

Publicado por el Dec 1, 2015

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El sufragio es un derecho reconocido en la Constitución que nos permite participar en los asuntos públicos a través de los representantes libremente elegidos en elecciones periódicas a los órganos de representación. El acto político por excelencia en el que se ejercita tal derecho es el de la elección de los Diputados del Congreso que tiene lugar, como dice nuestra Carta Magna, mediante “sufragio universal, libre, igual, directo y secreto”. Desde un punto de vista instrumental, el voto se deposita con el fin de que cada ciudadano pueda elegir al partido que mejor represente su voluntad en orden a la participación política. 

De lo que antecede se desprende que el voto, tal y como está concebido en la Constitución, tiene un sentido positivo o de utilidad, o si se prefiere, de responsabilidad, en la medida en que se trata de que cada elector escoja la formación mejor preparada para ejecutar el programa que más se aproxima a su manera de concebir la actuación política. O dicho en otras palabras, el voto de cada ciudadano debe inclinarse por el partido político que más le convenza por la preparación de sus cuadros y por las medidas a desarrollar durante el mandato. Y todo ello con una finalidad, a saber: que coincida el sentir mayoritario de la sociedad con la formación política más votada, que se convierte, de esta suerte, en la que congrega el mayor número de asentimientos entre todas las propuestas políticas que se han ofertado a los electores.

Sin embargo, el hecho de que el sufragio sea libre y secreto permite al votante adoptar la postura que desee, hasta la más irresponsable. La facultad de hacer lo que quiera con su voto, incluso abstenerse de emitirlo, permite a cada elector formar su decisión utilizando todo tipo de razonamientos incluida la sinrazón, ya que no tiene que dar explicación alguna sobre su conducta.

Viene todo lo anterior a cuento porque estamos a punto de iniciar una nueva campaña electoral. Y desde aquí me permito recordar a los ciudadanos que una conducta responsable democráticamente obliga al votante a efectuar un análisis, por mínimo que sea, de las ofertas de los distintos partidos tratando de deslindar lo que es factible de lo que son simples promesas electorales de imposible cumplimiento.

Precisamente porque la Constitución no exige, acertadamente, que el sufragio haya de ser responsable, votar irreflexivamente es mucho más importante de lo que se piensa. Y es que llevamos ya un rodaje electoral  suficiente como para saber que estamos en unos momentos en los se debe dedicar algún tiempo a analizar, desde la óptica realista, las ofertas de las formaciones políticas contendientes.   

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