La libertad de expresión de Bertín Osborne

Publicado por el Nov 20, 2015

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Entre los derechos y libertades fundamentales de los ciudadanos, nuestra Constitución proclama con absoluta nitidez la libertad de expresión, que consiste en que todos nosotros tenemos la libertad de expresar libremente nuestros pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra. Nuestra Carta Magna añade que dicha libertad tiene su límite en el respeto a los derechos reconocidos en su Título I, en las leyes que lo desarrollan y, especialmente, en el derecho al honor, a la intimidad, a la propia imagen y a la protección de la juventud y de la infancia.

Pues bien, entre los límites a la libertad de expresión no figura ni siquiera de manera implícita el derecho a respetar el dolor de los que no han podido olvidar nuestra Guerra Civil, ya se hubiesen alineado con el bando nacional ya con el republicano.

Como seguramente muchos de ustedes habrán adivinado, lo que antecede viene a cuento por la tensión originada entre Bertín Osborne y Gemma Nierga con ocasión de una entrevista celebrada en la Cadena SER. La discusión se desató a causa del reproche que le hizo ésta a aquél por no haberle hecho preguntas incomodas a Carmen Martínez-Bordiú sobre su abuelo el general Franco. Ante lo cual, Bertín se pronunció a favor de olvidar la tragedia de la Guerra Civil mientras que la presentadora Nierga le pidió que respetase a la gente que aún no había podido hacerlo.

Este contraste de pareceres mantenido en directo en una emisora de radio y que está ya en las redes sociales, me suscita la siguiente consideración.

En mi opinión, todo presentador tiene derecho a llevar a su programa a los ciudadanos que tenga por conveniente con sujeción a los límites de su propia ética profesional.

Bertín Osborne en el ejercicio de su libertad de elección escogió–seguramente por razones de la propia popularidad de la entrevistada- a una nieta de Franco, y nuevamente en el ejercicio de su libertad de comunicación, Bertín le preguntó lo que tuvo por conveniente. Si descartó cualquier cuestión relacionada con la Guerra Civil fue, como el mismo se encargó de indicar en la Cadena SER, porque para él es un tema que tiene superado y respecto del cual ha podido suturar la herida que pudieron causar en su alma los agravios sufridos en aquella por sus familiares.

Si Gemma Nierga, que también es presentadora, piensa, en el ejercicio de sus propias libertades, que no se debe olvidar la Guerra Civil, que invite a su programa “Hoy por Hoy” a Carmen Martínez-Bordiú y que se dedique a remover el pasado todo lo que desee y especialmente lo que haya tenido que ver con el general Franco.

Es verdad que mientras entrevistaba a Bertín Osborne la señora Nierga hizo uso de la libertad de preguntarle lo que le pareció conveniente. Pero también lo es que Bertín al responderle lo que pensaba sobre ello estaba asistido por el derecho a mostrar cierto enojo por la pregunta formulada, toda vez que para él se trataba de un tema superado.

Fue, si se quiere, una discrepancia entre ambos en el ejercicio de sus respectivas libertades de expresión. Pero a mi modo de ver la entrevistadora nunca debía haber invocado como límite a lo expresado por el entrevistado el respeto a un inexistente derecho a no olvidar los daños sufridos en la Guerra Civil.

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