El cineasta Fernando Trueba

Publicado por el sep 21, 2015

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En su intervención oral al recoger el Premio Nacional de Cinematografía en San Sebastián, dotado con 30.000 €, el cineasta Fernando Trueba fue comentando aquellas tres palabras “premio”, “nacional” y “cinematografía”. De sus comentarios tuvieron mucha difusión los que dedicó a la palabra “Nacional”, ya que aseguró textualmente “Nunca me he sentido español, ni cinco minutos de mi vida”.

Si tenemos en cuenta que la base segunda de la Resolución de 26 de mayo de 2015 del Instituto de la Cinematografía y de las Artes Audiovisuales, dependiente del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte dice que “El Premio Nacional de Cinematografía correspondiente a 2015 está destinado a recompensar la aportación más sobresaliente en el ámbito cinematográfico español”, es cuando menos sorprendente que el ganador haga tal declaración. Es verdad que viendo la reacción tan negativa que suscitaron sus desafortunadas palabras el cineasta rectificó posteriormente y afirmó, como señala ABC.es, que quiso lanzar un mensaje contrario a los nacionalismos y que sus palabras se sacaron de contexto. Estoy dispuesto a concederle el beneficio de la duda, entre otras, por la fundamental razón de que es una persona políticamente poco relevante.  

En efecto, el cine es una forma de arte -se le llama el séptimo arte – y, como dice W. Somerset Maugham en su obra Diez grandes novelas y sus autores , la finalidad del arte no es instruir, sino deleitar. Refiriéndose al arte de la novela, dice este autor que «el novelista no tiene por qué ser más que novelista. Con eso basta si es un buen novelista». Y añade: «No tiene por qué comerse un cordero entero para saber a qué sabe la carne de lechal; le basta con tomarse una chuleta. Después, aplicando su imaginación y su facultad creadora a la chuleta que ha degustado, puede ofrecernos una idea bastante atinada de cómo es el cordero guisado al estilo irlandés; pero cuando de eso pasa a sacar a colación sus ideas sobre las crías de las ovejas, la industria lanera y la situación política en Australia, lo más prudente es aceptarlas con reservas».

Lo mismo puede decirse de Fernando Trueba: no tiene por qué ser más que un cineasta. Al igual que la novela, la obra cinematográfica no busca la verdad ni aspira a ser creída. Cuando aquél escribe un guion y dirige su película, no puede prescindir de sus inclinaciones personales. A través de la ficción, nos ofrece su particular visión de la realidad, nos transmite sus conocimientos que, en cuanto suyos, son parciales y, por lo tanto, no muy fidedignos. Por eso, en cada historia que cuenta, rara vez deja de tomar partido, su relato va impregnado de su forma ser: y así como el vapor anuncia el calor de un líquido, así la obra del cineasta rezuma sus instintos y sentimientos. Pero el cineasta sólo es un artista y su crédito se agota en lo que es: cuando habla de política es como cualquiera de nosotros, sus opiniones no reciben suplemento alguno de credibilidad por el hecho de pertenecer al séptimo arte.

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