Reflexiones ante tres imágenes recientes

Publicado por el Sep 18, 2015

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En los últimos tiempos, hemos visto por televisión imágenes que han producido un fuerte impacto y han provocado reacciones de muy diferente signo. Pero justamente porque pudimos quedar algo “conturbados” por su contenido conviene hacer algunas reflexiones sobre el alcance de las mismas.

Si no me traiciona la memoria, la primera fue la foto del cadáver del niño Aylan Kurdi que apareció ahogado en las costas de Turquía. La inconsolable tristeza que producía la foto del pequeño Aylan produjo una verdadera conmoción internacional hasta el punto de que no es exagerado afirmar que fue a partir de ella cuando las autoridades europeas tomaron cartas decididamente en el asunto de los refugiados sirios.

Pues bien, sobre las reacciones de los políticos ante la  trágica imagen de un niño de corta edad ahogado al huir de los horrores de la guerra, solo se me ocurre indicar que es una pena que haya habido que esperar a verla para que los dirigentes europeos dieran al drama de los refugiados políticos la verdadera dimensión que posee. La cuestión es tanto más incomprensible cuanto que pienso que no serán pocos los políticos europeos que hayan protagonizado, o presenciado y, en todo caso, recordado, episodios semejantes protagonizados por sus mayores huyendo de las guerra habidas en Europa en el siglo pasado.

La segunda imagen es la de la zancadilla de la reportera húngara Petra Lászlo que hizo caer al suelo al refugiado sirio Osama Abdul Mohsen con uno de sus hijos, Zaid, de 7 años, en sus brazos. Esta imagen tuvo un efecto positivo inmediato en España, toda vez que el Centro Nacional de Formación de Entrenadores (CENAFE), con sede en Getafe, tras enterarse de que Mohsen había ganado en Siria dos veces la Liga y una vez la Copa siendo entrenador del club AL FOTUWA, lo localizó en Berlín y le consiguió trabajo y vivienda en Getafe.

Sin embargo, esta conmovedora historia no debe hacernos olvidar que seguramente ha habido otros refugiados que sufrieron tanto o más que el propio Osama, y que al no tener la “suerte” de recibir “una zancadilla televisada”, siguen esperando pacientemente el fin de la larga tramitación que les dará los documentos necesarios para residir legalmente en España.

La tercera y última imagen, de muy distinta significación a las dos anteriores, es la del diputado de Amaiur, Sabino Cuadra, rompiendo en la tribuna del Congreso de los Diputados unas hojas de nuestra Constitución. No descarto que Sabino Cuadra haya tenido tal “acto de valentía” porque creyó que actuaba protegido por el privilegio de la inviolabilidad parlamentaria (art. 71 CE) que rige en nuestro sistema constitucional.

Y es que, como algunos de ustedes sabrán, la inviolabilidad es un privilegio que garantiza la irresponsabilidad jurídica de los parlamentarios por las opiniones manifestadas en el ejercicio de sus funciones. El propio Tribunal Constitucional ha recordado que la finalidad específica de este privilegio es asegurar, a través de la libertad de expresión de los diputados, la libre formación de la voluntad del órgano legislativo al que pertenezcan.

Pues bien, en nuestro sistema constitucional, la irresponsabilidad jurídica inherente a la libertad de emitir cualquier opinión ampara a los parlamentarios por «declaraciones de juicio o de voluntad» (sentencia del Tribunal Constitucional 51/1985) manifestadas en el ejercicio de sus funciones. Y no hay que descartar, por muy duro e inadmisible que nos parezca, que éste podría ser el caso del diputado de Amaiur.

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