¿Hay que moderar el dramatismo?

Publicado por el sep 9, 2015

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No es discutible que venimos de unos tiempos muy difíciles sobre todo para los más necesitados. Ha habido muchos españoles que lo han pasado mal porque han perdido su trabajo y con ello se vino abajo el andamiaje en el que se sustentaba su economía familiar.

Como consecuencia de lo que antecede se fue incrementando progresivamente la sensibilidad ciudadana y con ella la solidaridad. Hasta el punto de que no es exagerado afirmar que entre los familiares y allegados y las instituciones sociales fueron socorridos una buena parte de los más necesitados.

Las cosas han mejorado y se están empezando a satisfacer las necesidades primarias que hasta hace poco eran atendidas mayormente por las instituciones benéficas. O dicho con más claridad, la indiscutible mejora de nuestra situación económica general está empezando a dejarse sentir en las economías domésticas de los más desfavorecidos.

Una prueba de lo que se acaba de afirmar es lo que ha sucedido con el programa veraniego de apertura de los comedores escolares en la Comunidad de Madrid. En efecto, al iniciar su mandato la presidenta, Cristina Cifuentes, destinó unos 4 millones de euros para sufragar un programa de apertura de comedores escolares destinado a niños menores de 12 años en situación familiar de dificultad económica. Pues bien, de los 5.500 menores que se preveía que hicieran uso de los comedores solo asistieron alrededor de 600, lo que supone aproximadamente un 11% del total.

Este hecho suscita las siguientes consideraciones. En primer lugar, es un acierto por parte de la Comunidad la implantación del programa. De no haberlo previsto, es muy probable que hubieran pasado hambre unos seiscientos niños. Y eso habría sido inadmisible. Y, en segundo lugar, es mucho mejor que hayan sido pocos los que han hecho uso de los comedores veraniegos que lo contrario: que hubiera habido más usuarios que  los 5.500 previstos inicialmente, porque ello supondría dejar de alimentar a niños necesitados y eso revelaría una situación dramática.

Lo sucedido revela, sin embargo, que las cosas en general han mejorado y que seguir empeñados en que todo sigue igual de mal puede denotar un exceso de dramatismo interesado. Por eso, me atrevo a sugerir que recibamos con satisfacción los datos que revelan una mejora general de nuestra economía aunque ello suponga que debamos moderar el dramatismo de tiempos anteriores felizmente superados.  

   

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