¿Nos da tiempo a formar criterio?

Publicado por el Sep 6, 2015

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La primera acepción gramatical de la palabra criterio es “norma para conocer la verdad”. La pregunta que planteo es si dado el ritmo vertiginoso en el que se suceden y llegan a nosotros los acontecimientos tenemos el tiempo necesario para formarnos un juicio lo más exacto posible de su realidad.

En su obra “El Criterio”, escribe Jaime Balmes que “cuando conocemos perfectamente la verdad, nuestro entendimiento se parece a un espejo en el cual vemos retratados, con toda fidelidad, los objetos como son en sí”. Y seguidamente añade “un entendimiento claro, capaz y exacto, abarca el objeto entero; lo mira por todos los lados, en todas sus relaciones con lo que lo rodea”.

Hoy nada más ocurrir un suceso recibimos tanta información y escuchamos tantas opiniones, que no es nada fácil captar en nuestro entendimiento la verdadera realidad de lo sucedido o, dicho de otro modo, ver en cada hecho todo lo que hay, pero nada más de lo que hay.

A la dificultad de formarnos en solitario nuestra propia opinión, hay que añadir que cuando el suceso es relevante de inmediato saltan a los medios juicios ajenos, muchas veces de profesionales de la cuestión, que vienen a interferir lo que a priori nos dictaba nuestro entendimiento.

Se puede producir en estos casos una especie de confrontación entre la propia opinión del sujeto aislado y la de los otros que se propaga rápidamente a través de los medio y las redes. ¿Cómo proceder en estos casos? ¿Hay que renunciar a proseguir el camino iniciado para formar el juicio propio y dejar sin más que ocupe su sitito el elaborado por otros?

No es fácil resolver este dilema. Pero el solo hecho de que una opinión esté muy extendida no significa que sea certera. Como dice Gracián “Las necedades comunes gozan de prestigio por estar muy extendidas” Y agrega “algunos vencen la propia necedad pero no saben escapar de la común”. La clave está, por tanto, en poder discernir si la opinión extendida es “necia” o, si por el contrario, está correctamente formada; es decir, analizar si a la hora de concebir su idea sobre la realidad de lo acontecido la opinión extendida vio en el hecho todo lo sucedido pero no más de lo sucedido. Cuando no es así, no debe importar que nuestro propio juicio no coincida con el más extendido.

Podré un ejemplo. El último día de agosto se cerró el plazo para inscribir nuevos jugadores en los equipos profesionales de la Liga española. Como en ese instante no se produjo el fichaje de un determinado jugador por un club muy importante de primera división, hubo quienes sin esperar a conocer la verdad de lo realmente sucedido –y esto es en lo que deseo insistir- y casi sin haber pasado un solo minuto de que se frustrara el fichaje calificaron el hecho de chapuza y hablaron de gran desprestigio del club implicado.

En casos como ese, conviene recordar que, como dice el citado Balmes, “un efecto puede haber procedido por una infinidad de causas, pero no se ha encontrado la verdad por solo saber que ha podido proceder; es necesario demostrar que ha procedido”. Pues bien, en el hecho del fichaje frustrado se adelantó la opinión –y ésta se extendió rápidamente- sin que el profesional opinante hubiera tenido tiempo para demostrar lo que había realmente sucedido.

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