A Felipe González

Publicado por el Aug 30, 2015

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Vaya por delante mi más efusiva felicitación por su excelente Tribuna, titulada “A los catalanes”, que publica hoy el diario El País. Coincido con usted casi en todo lo que dice y, como podría parecer cobarde si me callara en lo que discrepo, lamento indicarle que no comparto su acusación de inmovilismo al gobierno de la nación. Estoy completamente seguro de que usted, que ha dado y está dando pruebas de ser un Hombre de Estado, se lo pensaría mucho antes de abrir un proceso de reforma constitucional en las actuales circunstancias económicas y políticas.

Pero el verdadero propósito de mi carta no es comentar la suya, sino hacerle una petición a la vista de lo que usted mismo afirma al comienzo de su Tribuna. En efecto, escribe usted: “No tengo responsabilidades institucionales ni de partido. He recuperado la sencilla condición de ciudadano, aunque en todo momento comprometido con nuestro destino común. Por ese compromiso con España, espacio público que compartimos durante siglos, me dirijo a…”.

Pues bien, en su condición de ciudadano comprometido con España y teniendo en cuenta su apuntada condición de Hombre de Estado sin responsabilidades de partido, me permite sugerirle que encabece un manifiesto de socialistas sensatos (como por ejemplo los señores Guerra, Redondo Terreros, Joaquín Leguina, Ibarra, Bono y Francisco Vázquez) para evitar que el actual Secretario General del PSOE juegue a su favor, y en contra de esa España con la que usted se siente comprometido, la única oportunidad que pueden brindarle las próximas elecciones generales. Me explico.

Según fuentes socialistas bien informadas, el resultado de las próximas elecciones generales va a ser determinante en el futuro político inmediato del señor Sánchez: tendrá que abandonar la Secretaría General del Partido salvo que se convierta en Presidente del Gobierno.

Aunque las encuestas no son enteramente fiables, sabemos que no suelen equivocarse a la hora de reflejar quién será el partido más votado. Y hasta ahora, todo parece indicar que lo será el PP. Eso significa que también con toda probabilidad la segunda formación política será el PSOE. Finalmente, aquéllas anuncian también que ningún partido va a obtener la mayoría absoluta para poder formar gobierno.

Así las cosas, y con el mapa político que parece avecinarse, en el supuesto muy probable de que el PP no obtenga mayoría absoluta, el señor Sánchez puede caer en la tentación de pactar con la izquierda radical y populista, no tanto para desalojar del poder al PP –que también- sino para aprovechar, como dije con anterioridad, la única posibilidad que le quedaría de aferrarse al poder.

De ser ese el caso, España, ese espacio público que compartimos durante siglos –según sus propias palabras- puede entrar por una vía de inestabilidad que haga peligrar la salida de los tiempos dolorosos que acabamos de vivir.

Si usted se siente con fuerza suficiente –y yo personalmente creo que la tiene y mucha- para hacer un llamamiento a los catalanes con el fin de que no abandonen el camino de la sensatez, yo le ruego que haga algo más fácil, a saber: que con todo su prestigio personal, invocando su brillante pasado en el PSOE, y en su condición de sencillo ciudadano sin responsabilidades de partido, haga oír su voz sobre lo peligroso que sería que, para mantenerse en el poder y anteponiendo su interés personal al general de España, el señor Sánchez pactara con la izquierda radical en lugar de hacerlo, por ejemplo, con Ciudadanos o el PP.

Y es que, a veces, aunque parezca un juego de palabras, perder es ganar y ganar es perder: si el señor Sánchez es capaz de conformarse con perder (aunque tenga que irse) antes que pactar con los populistas, no solo ganará a la larga el PSOE, sino también España. Espero por el bien de España que usted se lo haga comprender en privado o exponiéndolo públicamente, como ha hecho con el problema de Cataluña. Al fin y  al cabo, de poco valdría salvar a España de la secesión catalana, si no impedimos que nuestra querida Nación entre toda ella en las locuras populistas que estamos viendo.

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