Independentismo catalán: exceso de egoísmo y poca ambición

Publicado por el ago 20, 2015

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Si nos atenemos a la significación gramatical de “egoísmo”, los que propugnan la independencia de Cataluña respecto de España encajan perfectamente en la acepción de aquella palabra. En efecto, si egoísmo es “inmoderado deseo y excesivo amor a sí mismo, que hace atender desmedidamente al propio interés sin cuidarse del de los demás”, no cabe duda que los secesionistas catalanes sienten tan inmoderado y excesivo amor a sí mismos, que quieren su “historia” –la que sea, incluso la que nos cuentan- para ellos solos, y nos excluyen al resto de los españoles de todo aquello que hayamos podido haber hecho en común.

Justamente por ello, el amor profundo y excluyente que sienten solamente por lo “suyo” les lleva a atender desmedidamente su propio interés sin cuidar en absoluto el de los demás españoles. Este sentimiento, que no se recatan en hacerlo explícito cada vez que tienen ocasión, es el que explica, por ejemplo, que les parezca mucho su contribución solidaria con las demás comunidades autónomas y, en consecuencia, siempre poco lo que les asigna el Estado.

Sin embargo, aunque a primera vista pudiera parecer lo contrario, el secesionismo supone un déficit de ambición. Recuérdese que por “ambición” se entiende “deseo ardiente de conseguir poder, riquezas, dignidades o fama” y si se miran bien las cosas reducir todo lo suyo a “Cataluña” denota una manifiesta falta de codicia. En efecto, si los secesionistas consiguieran la independencia de Cataluña, al tiempo que adquirían una nueva condición nacional, la de catalanes, perderían otra mucho más poderosa, con más riquezas, y con mayor dignidad y fama en el concierto mundial de las naciones, la de ser españoles. Porque no creo que pueda discutirse que si naciera la nación Cataluña, los números en atención a los cuáles se clasifican las naciones (me refiero, por citar solo un ejemplo, al PIB) siempre situarían a la España resultante de la secesión por delante de la nueva Cataluña.

Así las cosas, si fuera yo el que tuviera que optar por uno de esos dos sentimientos dejaría de lado el egoísmo (ya decía Voltaire “no ser bueno más que para sí es no ser bueno para nada”) y me inclinaría por la sana ambición. Y claro lo que pido para mí lo deseo también para todos, incluidos los secesionistas catalanes. Por eso, no puedo menos que exhortarlos: ¡Déjense de egoísmos y opten por la sana ambición de hacer todavía más grande la España de los próximos años!   

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