¡Ya está bien de chorradas y pónganse a gobernar!

Publicado por el ago 11, 2015

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Las primeras noticias que fueron saliendo a los medios sobre algunos de los gobernantes pertenecientes a las nuevas formaciones políticas tenían que ver con su pasado. Por lo general, no sólo poco brillante, sino plagado –y sé que estoy siendo indulgente- de excentricidades y salidas de tono.

Pero lo que se criticaba de los nuevos dirigentes era su pasado y no era tanto eso por lo que había que juzgarlos, cuanto por lo que hicieran a partir de su elección en los últimos comicios municipales y autonómicos del pasado 24 de mayo. Precisamente por esto, mi sentido de la prudencia me aconsejó darles algún tiempo para ver cómo manejaban los asuntos públicos, sobre todo teniendo en cuenta que no pocos de ellos entraban en el panorama político con cierto respaldo popular.

Pues bien, transcurrido ya cierto tiempo, y viendo lo que han empezado a hacer algunos de ellos, tengo la certeza de que muchos están dedicados más a los fuegos de artificio que a la genuina actividad de gestión de las entidades locales que gobiernan. Y es que los nuevos políticos, en lugar de afrontar los graves problemas que supuestamente tenían las Comunidades Autónomas y los Municipios, que habrían venido a resolver,  se han dedicado a solucionar (?) cuestiones tan importantes para la ciudadanía como cambiar el nombre de las calles, retirar bustos de monarcas o  prohibir que suene el Himno Nacional en los actos públicos, por poner solo algunos ejemplos.

Por centrarme en los nombres de las calles, no es que los nuevos políticos se hayan dedicado a nominar las calles que aún no tenían apelativo para que los ciudadanos supiesen la dirección de sus domicilios. Antes al contrario, se enfrascaron en la trascendente y fundamental tarea de retirar los nombres antiguos y asentados de algunas calles, para sustituirlos urgentemente por otros se supone que son más inmaculados.

Ante tan ingente tarea, me permito aconsejarles que bajen el diapasón de su frenética acción de gobierno, y que se dediquen a algo tan aburrido, vulgar y poco atrayente para sus sobresalientes cualidades intelectuales como es gestionar los múltiples servicios públicos que tienen encomendadas las entidades que gobiernan. O dicho sin ironía: ¡déjense de chorradas y pónganse a gobernar! Porque aunque pueda parecerles lo contrario, no es para eso para lo que los han elegido. Lo que han estado haciendo hasta ahora no justifica lo que cobran de los ciudadanos, por lo cual, aunque fuera poco lo que ganan, sus sueldos son un verdadero dispendio ante la ineficaz e inútil actividad en la que están enfrascados.

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