¿Reformar o retocar la Constitución?

Publicado por el ago 8, 2015

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Habrá pocos que piensen, sobre todo si son del mundo del Derecho, que puede haber leyes tan perfectas que son capaces de estar en vigor perennemente sin ser modificadas. Y es que por muy ajustadas que estuvieran a la realidad en el momento de su elaboración, el mero transcurso del tiempo y, sobre todo, el cambio incesante de aquélla hace que más temprano o más tarde se vuelvan obsoletas. Razón por la cual es consustancial con la ley el hecho mismo de su reforma.

Esto es algo que puede llegar a suceder, como no podía ser de otra forma, también con nuestra Constitución de 1978. Pero al tratarse de nuestra Ley Fundamental la prudencia aconseja examinar, valorar y apreciar debidamente lo que debería hacerse si se decidiera modificarla.

Con esto se quiere decir, que el solo hecho de plantear un proceso reforma constitucional exige de los políticos proponentes, al menos, las dos siguientes actuaciones: justificar la necesidad de la reforma y tener muy claro desde el principio cuál es el alcance de la misma.

Últimamente se oye mucho hablar de la reforma de la Constitución, lo cual no significa que por eso solo sea necesaria.

Hay voces –entre las que aún me encuentro- que propugnan dejar el texto constitucional como está, porque nos ha permitido disfrutar del mayor período de paz y prosperidad en los últimos doscientos años, y porque se piensa que será muy difícil conseguir el mismo consenso que hubo entre las formaciones constituyentes durante su elaboración.

Pero en los últimos días, incluso desde el propio PP, se ha hablado de reformar la Constitución. Supongo que habrán considerado que es absolutamente necesaria la reforma y que tendrán asimismo bien estudiado el alcance de la misma. Porque nos jugamos mucho, ya que cualquier proceso de reforma de una Carta Magna suele dejar un elevado número de insatisfechos y venimos de tiempos en los que la clase política tradicional ya sufrió una seria contestación por una parte importante del pueblo.

Para mí, supuesto que esté justificado abrir el melón de tocar la Constitución –cosa de la que, insisto, estoy dispuesto a que me convenzan- la cuestión es si se debe proceder a un simple “retoque” del texto vigente o se pretende ir más allá y “reformarla”.

Lo primero no sería demasiado complicado si se pretendiera únicamente eliminar la preferencia del varón sobre la mujer en la sucesión a la Corona y convertir el Senado en una Cámara de representación territorial. Lo segundo podría, en cambio, enzarzarnos en discusiones en las que sería difícil, por no decir, imposible ponernos de acuerdo. Me refiero a cuestiones como cambiar la forma de Estado o modificar el sistema de distribución territorial del poder, ya sea, según pretenden algunos, para corregir la excesiva descentralización y recuperar competencia para el Estado, ya sea para lo contrario que sería convertir el Estado de las Autonomías en un Estado Federal.

Por lo que antecede, no dejo de preguntarme si no tenemos suficientes problemas reales que necesitan urgente solución como para plantearnos el que interesa tan poco al pueblo de la reforma de la Constitución.

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