Una sonrisa en lugar de lágrimas

Publicado por el jul 17, 2015

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A poco que pensemos detenidamente en ello llegaremos a la conclusión de que no es nada fácil gobernar en los tiempos presentes, sobre todo si el liderazgo del político en cuestión va más allá de las fronteras de su propio país y adquiere una dimensión mundial. Podría poner muchísimos ejemplos de decisiones difíciles con grandes implicaciones para amplios sectores de la ciudadanía (como, por ejemplo, declarar una guerra o tomar parte en una ya iniciada).

Pero me voy a centrar en una decisión de escasa importancia que ha tenido en el hipócrita mundo en que vivimos una gran repercusión mediática. Me refiero, como posiblemente habrán adivinado, a la conversación que tuvo Ángela Merkel con una niña palestina que a renglón seguido rompió a llorar.

Lo primero que debe señalarse es que estamos ante una escenificación en vivo y puramente casual entre la máxima representante de un Gobierno y una persona que estaba entre los que asistían a la intervención de la canciller. Y lo que hace Ángela Merkel es simplemente darle a la niña palestina la misma respuesta que da Alemania a todos los que están en su misma situación: que no podía darle permiso para quedarse en Alemania por lo mismo que tampoco podría concedérselo a los miles y miles de refugiados palestinos que hay aun en el Líbano.

La actuación de Merkel es la que tenía que ser: tratar a todos por igual y no beneficiar a la persona que tuvo la suerte de pedírselo personalmente. Y la reacción de la niña es comprensible: llora porque a ella lo que le interesa es su caso personal y no los de los demás y no logra que la canciller de Alemania tenga la debilidad de “quedar bien” y le conceda lo que niega a los que están en su misma situación.

Y aunque pudiera parecer lo contrario, las reacciones en las redes sociales son las que cabía esperar. Los más “sensibleros”, esto es, los que miran la anécdota con el corazón, consideran que Ángela Merkel dio muestras de una gran insensibilidad. Los que miran las cosas con más frialdad y ascienden de la anécdota a la cuestión general comprenden la actuación de la canciller, porque no se trata realizar acciones de “gracia” individuales sino de sentar unas bases generales y hacer que se cumplan.

Cada uno es muy libre de pensar lo que quiera, pero personalmente me inclino más por la justicia inherente a tratar a todos por igual que por la acción “graciable” que beneficie solamente a quien tuvo la suerte de poder plantear su problema personal a Ángela Merkel. Y en esto no distingo en función de la nacionalidad de la destinataria de la respuesta de Ángela Merkel, para mí es igual una palestina que cualquier otra persona que busca refugio en Alemania ¿Y qué decir de la canciller? Desconozco su forma de ser, pero estoy seguro de que le hubiera gustado ver en el rostro de la niña una sonrisa en lugar de lágrimas. Lo que ocurre es que gobernar es muy difícil y casi siempre obliga a dejar de lado los sentimientos personales.

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