La experiencia

Publicado por el Jul 11, 2015

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En las palabras que dirige Maquiavelo a Lorenzo de Médicis, explicándole la razón por la que le regala su obra “El príncipe” le escribe: “deseando ofrecerme a Vuestra Magnificencia con un testimonio que pruebe mi acatamiento, no he encontrado, de cuanto poseo, cosa alguna de más valor y aprecio que el conocimiento de las acciones de los grandes hombres que he aprendido tras una larga experiencia”. Y en el párrafo siguiente añade “no os puedo ofrecer nada mejor que el hacer posible que comprendáis, en poco tiempo, todo lo que yo, a lo largo de muchos años de fatiga y expuesto a toda clase de peligros, he aprendido”.

No recuerdo haber leído una descripción mejor de lo que es la experiencia y de la dificultad en adquirirla. Maquiavelo concibe la experiencia como el conocimiento de la vida, que tarda muchos años en adquirirse, que requiere por parte del experimentado esfuerzos y fatiga, y que, en cambio, puede compendiarse y transmitirse fácilmente.

Desafortunadamente, en la vida de hoy apenas se da valor a la experiencia. Aunque vivimos en una sociedad en la que cada vez es mayor el número de los que lleguen a la edad longeva, se presta poca atención a la opinión de los mayores. Desconozco las razones, pero tengo para mi que tal vez convendría determinar en qué consiste realmente la experiencia, porque no me parece que sea una consecuencia inevitable del solo hecho de tener edad.

Es verdad que en el concepto de experiencia que describe Maquiavelo hay un ingrediente esencial de vida prolongada durante bastante tiempo: sin una larga vida no existe experiencia. Pero con ser ésta una característica necesaria no es por sí sola suficiente: Maquiavelo habla de un conocimiento de la vida adquirido después de observar las acciones de los grandes hombres. Es a lo que se refiere parcialmente la tercera acepción gramatical de la palabra experiencia: “conocimiento de la vida adquirido por las circunstancias o situaciones vividas”. Entre los medios a través de los cuales se consigue “el conocimiento de la vida”, Maquiavelo habla también de un “continuo estudio los antiguos”, esto es, de las obras en las que se narra la vida de los seres que dejaron huella en la Historia.

Mi última reflexión tiene que ver con uno de los rasgos más valiosos de la experiencia, que es “su transmisibilidad”. Y es que se trata de un conjunto de conocimientos que si bien se tarda mucho en atesorarlos, una vez que se tienen se pueden condensar con facilidad y hacer a los demás partícipes de los mismos.

Los que desprecien la experiencia –que los hay y no son pocos- me recuerdan lo que escribió Antonio Gala sobre tener un libro y no leerlo: es como estar al lado de un teléfono que suena y no descolgarlo.

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