El rostro oculto del desempleo

Publicado por el Jul 5, 2015

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En el diario “La Voz de Galicia” de ayer publicaba Ignacio Fernández Toxo un artículo titulado “El verdadero rostro del desempleo en España”. En él efectúa una descripción básicamente numérica de nuestro desempleo tomando los datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística. El autor concluye su artículo aludiendo a una iniciativa que han puesto en marcha los dos sindicatos mayoritarios. Consiste –según sus propias palabras- en implantar “una prestación equivalente al 80% del IPREM (426 euros mensuales) destinada a personas que llevan más de un año en desempleo, que carecen de rentas y que no reúnen los requisitos para acceder a prestaciones contributivas o asistenciales de cualquier tipo”.

La propuesta para resolver la que Fernández Toxo denomina situación insoportable (que haya 800.000 familias integradas por 1.568.000 personas, que carecen de ingresos: “ni salario, ni pensión, ni prestación por desempleo, ni subsidio, nada”) consiste en la gran idea de convertirlos en un grupo más de ciudadanos “subvencionados”.

La iniciativa me suscita algunas dudas a la vista de cómo reciben los dirigentes sindicales las noticias sobre el descenso de las cifras del desempleo que se viene produciendo en los últimos meses. Y es que cada vez que se publican las cifras del paro y se comprueba estadísticamente que disminuyen los parados, los sindicatos, en lugar de alegrarse por esos españoles que recobran la dignidad de sentirse útiles, insisten una y otra vez en que se trata de un empleo precario y de baja calidad. Pero es que ¿hay algo más precario y de “baja calidad” que vivir de las subvenciones?

Nadie sabe mejor que los sindicatos que el empleo privado es fruto de la decisión discrecional de personas -los empresarios o empleadores- que arriesgan parte de su patrimonio, cierto que para ganar dinero, pero también para hacérselo ganar a los ciudadanos que emplean. Pues bien, si lo que de verdad quieren los dos sindicatos es mejorar la situación insoportable de las familias sin ingresos ¿por qué no comienzan a alabar a los empleadores? ¿No creen que una buena manera de empezar a crear empleo es agradecer  públicamente su iniciativa a todos los empleadores, en lugar de reprocharles que el empleo que crean es precario y de baja calidad? ¿Por qué no admitir de una vez por todas que los empleadores contribuyen decisivamente a la solidaridad porque, además de crear empleo remunerándolo, aumentan la autoestima de los que encuentran trabajo?

Si tanto les preocupa el “verdadero” rostro del desempleo en España, -y sé que no es políticamente correcto lo que voy a decir, pero me siento en la obligación moral de denunciarlo- ¿por qué no admiten públicamente que hay parados que cobran el desempleo y completan sus emolumentos haciendo chapuzas remuneradas? Las cifras de esos “parados dedicados a las chapuzas” no forman parte de las estadísticas del INE y, por tanto, no se puede decir si son muchos o pocos. Pero los que vivimos la realidad y no tenemos por qué callarnos podemos afirmar que son como las meigas, que “haberlos los hay”. Y por lo que uno oye y ve son más de lo que pudiera parecer.

Finalmente, y para completar ese rostro del paro al que no se alude en el artículo ¿por qué los sindicatos no se dedican a proponer medidas para incentivar la creación de empleo y a perseguir el fraude en lugar de hacer propuestas para aumentar la ya pesada carga de los subvencionados? ¿No será que les interesa más políticamente un país de subvencionados que una nación de trabajadores dignos e independientes?

España requiere hoy más que nunca del esfuerzo de todos, incluidos los dirigentes sindicalistas. Es verdad que administrar el interés general no es fácil, pero un barco al que se sube un peso mayor que el que puede soportar corre el riesgo de hundirse. Estamos en un momento en el que por desgracia aun hay que soltar lastre, porque si nos hundimos –y estamos viendo estos días el ejemplo de Grecia- los que seguro que no se salvan son los más necesitados.

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