Cataluña no puede dar económicamente para tanto

Publicado por el Jun 10, 2015

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Debo confesar que durante una gran parte de mi vida la denominada “cuestión catalana” (el tema de la secesión) era solo una especie de ruido mediático de baja intensidad que muy de vez en cuando se volvía ensordecedor. Solo me interesaban los intereses generales de la Nación, razón por la cual el tema de la independencia de Cataluña no ocupaba ni un segundo de mi tiempo.

Desde que tengo el privilegio de disponer de este blog cada vez que he comentado críticamente alguna cuestión relacionada con el Presidente de la Generalitat o con algo que afecte a los separatistas catalanes, un número reducido -pero muy activo- de internautas criticaba mis opiniones ofreciendo una particular visión sobre las relaciones históricas entre Cataluña y el resto de España.

Cuando leí por primera vez la versión que defendían los secesionistas de los agravios que les había infligido el centralismo, debo reconocer que me llevé una gran sorpresa. No me esperaba ni la gran acidez de sus comentarios, ni la tesis que defendían.

Seguramente, porque cuando estudié en el bachillerato, allá por los años sesenta del siglo pasado, se ofrecía una versión general de la Historia de España que no particularizaba especialmente sobre los conflictos internos. Recuerdo, eso sí, la guerra de sucesión que finalizó con el triunfo de Felipe V de Borbón sobre los partidarios de Carlos VI de Austria. A lo que debo añadir que en los libros de Historia del Derecho –la verdadera historia como decía mi añorado catedrático de Santiago- leí que la victoria de los Borbones se tradujo jurídicamente en los Decretos de Nueva Planta que abolieron las leyes e instituciones del Principado de Cataluña, lo cual supuso en la práctica la pérdida del autogobierno del que había gozado.

Pues bien, lo primero que me llamó la atención fue la gran uniformidad de las opiniones de los internautas secesionistas para explicar las relaciones de Cataluña con el centralismo. Es evidente que beben de una fuente común, que no es más que una nueva extensión a estas relaciones de la teoría de las “elites extractivas”, que acuñaron los economistas Daron Acemoglu y James Robinson para explicar la desigualdad en la distribución de la riqueza mundial y que el economista español César Molinas extendió a la clase política.

En efecto, según los internautas que entran en mi blog en el centro de España (unos hablan de Madrid y otros de Castilla) hay una elite a la que llaman “clase extractiva”, que es holgazana, “chollera”, gandula, soberbia y castellanizadora, que es la versión actual de los centralistas que han esquilmado sistemáticamente a la sufrida Cataluña.

Pasados los primeros momentos de sorpresa, porque vivo en Madrid desde hace algunos años y jamás había tenido esa impresión, me pregunté si se podía extender la teoría de las élites extractivas a esos supuestos opresores centralistas que avasallan a los catalanes, y voy a sintetizar muy brevemente mis conclusiones.

En un primer momento pensé que, para que pudiera ser cierta la tesis de las clases extractivas defendida ahora por los internautas separatistas, Cataluña tendría que tener una riqueza prácticamente inagotable. Porque si los centralistas españoles, ahora llamados clase extractiva, han venido esquilmando desde hace siglos a los catalanes, y Cataluña mantiene todavía una posición puntera en la economía española, ambas cosas solo podrían suceder simultáneamente si Cataluña fuera prácticamente la región más rica del mundo.

Pero consulté de inmediato los datos económicos de Cataluña, y aunque posee una notable riqueza (el PIB de 2015 asciende a 199.786 millones de Euros -frente a los 197.699 millones de Madrid- y es la cuarta de España en PIB per capita), ésta no da al mismo tiempo para los que “roban”, las élites extractivas madrileñas, y los robados, el pueblo catalán.

Así que no puedo menos que rechazar, por inviable, la teoría de las clases extractivas que defienden los separatistas: si fuera cierta su versión del saqueo “multisecular” de los centralistas, hace ya muchos años que a los catalanes apenas les quedaría nada. Reconozco que la teoría es brillante y que hasta puede ser una versión muy creíble para los que desean convencerse, pero lamentablemente los números no cuadran. Deberían pensar en otra.

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