Afinidad política y riesgo de desaparición

Publicado por el May 25, 2015

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En las reglas previstas para constituir los órganos de gobierno priman, según los casos, las matemáticas o la afinidad política. Afinidad significa en sus dos primeras acepciones: 1. f. Proximidad, analogía o semejanza de una cosa con otra. 2. f. Atracción o adecuación de caracteres, opiniones, gustos, etc., que existe entre dos o más personas. Así que se puede decir que hay afinidad política entre todos lo que tienen cierta proximidad o semejanza en su manera de concebir la actividad política.

Matemáticamente hablando, nadie puede discutir que en las elecciones municipales y autonómicas de ayer el partido que tuvo más votos fue el PP: 6.032.496. Y sin embargo, parece que será el PSOE, que quedó en segundo lugar con 5.587.084, el que tendrá más fácil, precisamente por razones de afinidad política, llegar a concretar pactos de gobierno.  

Pero si analizamos con detenimiento los resultados de ayer son más endemoniados de lo que parece, y no tanto para Ciudadanos como para los partidos de la izquierda.

En efecto, aunque habrá quien discuta la localización política de Ciudadanos, veremos que en los próximos días éste partido será capaz de pactar tanto con el PP como con el PSOE: tiene afinidad política con ambos partidos. Y si llega a participar en operaciones de gobierno de tres o más partidos –cosa que me parece poco probable pero no imposible- Ciudadanos tendrá fácil la disculpa: tuvieron que entrar en el gobierno no por razones de afinidad con todas las fuerzas coaligadas sino para facilitar la gobernabilidad y “centrar” el programa.

Así que haga lo que haga este partido emergente –con la única duda de si pacta con partidos de la izquierda radical- se puede aventurar que no desilusionará a su electorado.

El problema lo van a tener los partidos de la izquierda y, sobre todo el PSOE. Porque a Podemos le vale todo: desde pactar con las demás fuerzas políticas de izquierda, incluido del PSOE, hasta quedarse simplemente en la oposición. Pero la única manera que tiene de convertirse en alternativa del PP –que es lo que en definitiva persigue- es fagocitar también al PSOE. Y para ello nada mejor que formar parte de coaliciones con él.

Comprendo que para un partido que tiene hambre porque fue echado a “gorrazos” del poder en 2011 gobernar ya es una tentación fuertísima. Pero el PSOE debería valorar la opción de no coaligarse con Podemos, dejar que “aguante sus velas”, y mantenerse a la expectativa. Solo de este modo podría recoger en las próximas elecciones generales los frutos de su “oferta política diferenciada” respecto de Podemos.

Me temo, sin embargo, que la nueva dirección del PSOE esté ansiosa por volver al poder y justificar con ello que debe contender en las elecciones generales, así que su bisoñez hará que trague fácilmente el anzuelo de Podemos. 

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