Imagínense y decidan

Publicado por el may 9, 2015

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Imagínense un país que sufre una crisis económica de notable envergadura porque el Gobierno de turno, lejos de tomar a tiempo las medidas oportunas para evitarla o cuando menos paliar sus efectos, adopta decisiones que la agravan.

Imagínense que una parte importante de la población pierde como consecuencia de ellos su puesto de trabajo, y que la falta de ingresos hace que se gaste todos sus ahorros, primero, y que pierda después el único bien inmueble que tenía, que era su vivienda habitual.

Imagínense que la crisis económica empobrece en general y muy severamente a una extensa capa de la población, sobre todo a las clases más desfavorecidas, que tiene que acudir a las instituciones de caridad para poder sobrevivir.

Imagínense que al convocarse las nueves elecciones los ciudadanos optan por la formación política que estaba en la oposición para que enderece la situación económica y logre que el país vuelva a crecer y crear nuevos puestos de trabajo.

Imagínense que el nuevo Gobierno lo consigue, aunque para ello haya tenido que efectuar algunos recortes y aumentar la carga impositiva a la sufrida clase media, aumentando el número de los empobrecidos.

Imagínense que en ese país, mientras se adoptan estas medidas para superar la crisis, se publica en los medios de comunicación casi a diario que los causantes de su empobrecimiento y los que adoptan las medidas restrictivas pertenecen a la clase política que se ha estado enriqueciendo mediante el saqueo y la corrupción de los fondos públicos.

La pregunta que surge es ¿cómo debemos tratar electoralmente al partido que está en el Gobierno? ¿Debemos retirarle la confianza? Si se sostiene que sí ¿a quién habrá que concedérsela? ¿A los que nos llevaron antes a la situación de grave crisis económica? ¿A los que no han incurrido en ningún acto de corrupción?

La respuesta les corresponde a cada uno de ustedes. Pero tal vez la cuestión esencial consista en decidir qué es más conveniente que sigan los que han gestionado acertadamente la crisis y darles la oportunidad de gestionar no la “pobreza”, sino una economía en crecimiento. O, por el contrario, otorgarle la confianza a los que no están manchados por ningún episodio de corrupción, aunque no hayan demostrado aún que son capaces de continuar con la mejora de nuestra economía. Ustedes mismos.

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