El dinero es un ave asustadiza y migratoria

Publicado por el abr 5, 2015

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Creo que hay pocos artículos de la Constitución tan llenos de sensatez como el 31 que dice: “todos contribuirán al sostenimiento de los gastos públicos de acuerdo con su capacidad económica mediante un sistema tributario justo inspirado en los principios de igualdad y progresividad que, en ningún caso, tendrá alcance confiscatorio”. Pues bien, a pesar de ello, ninguno de los sistemas tributarios que han regido en España desde la entrada en vigor de la Constitución ha conseguido que todos los españoles hayamos contribuido a los gastos públicos de acuerdo con nuestra capacidad económica.

Ha habido, desde siempre, unos ciudadanos, los más acaudalados, que han gozado de un sistema tributario que les ha permitido contribuir al sostenimiento de los gastos públicos aportando menos de lo que resultaba de su capacidad económica. Y –y esto es lo que me interesa subrayar- sin incumplir la legalidad. Dicho de otro modo: a pesar de lo que dice el citado artículo 31 los más ricos han venido gozando desde siempre de un régimen fiscal que les ha permitido contribuir con menos de lo debían dada su capacidad económica. Lo sorprendente es que no se trata de un sistema singular de nuestra país, sino que existe, con ligeras variantes, en casi todos los países avanzados de Europa.

Pero ¿por qué se trata tan bien fiscalmente a los que tienen más dinero? Hay varias explicaciones, como por ejemplo, porque son verdaderos creadores de riqueza con lo cual ya contribuyen suficientemente por otras vías al sostenimiento de los gastos públicos. Sin embargo, yo creo que la verdadera explicación es que el dinero es un ave asustadiza y migratoria, y muy difícil, por no decir imposible, de cazar.

En efecto, cuando el dinero ventea una posible situación de riesgo o de inseguridad, inmediatamente levanta el vuelo y, como ave migratoria que es, si dirige a los lugares donde hay mejor clima impositivo. Lo acabamos de ver en Grecia donde, tras el triunfo electoral de Syriza, en apenas unos meses la cifra de salida de capitales ascendió, según Bloomberg, a 20.000 millones de euros, algo más del 10 % del PIB del país.

Por eso, no parece muy acertado avanzar como medida de un programa político el endurecimiento del sistema impositivo para los más ricos, como acaba de anunciar Pedro Sánchez. Públicamente queda bien, pero no parece una medida factible. Porque tan pronto como los muy ricos sospechen que tales medidas pueden hacerse realidad, sus cuantiosos fondos levantarán el vuelo y emigrarán a lugares donde se les trate mejor.

La situación es indiscutiblemente injusta y, si mi lo permiten, hasta produce un comprensible enfado. En efecto ¿por qué hay que tolerar que la carga impositiva siga recayendo como siempre sobre la clase media asalariada? ¿Es que no se puede hacer algo para contribuyan más los que más tienen?

Me encantaría poder decirles que sí. Pero me temo que no será posible y que tendremos que seguir soportando la injusticia de que no contribuyan más los que más tienen, sino aquellos cuyo dinero es tan insuficiente –es decir el de todos nosotros – que tiene plomo en las alas y no puede volar.

Sentado lo que antecede, lo que hay que plantearse es si preferimos tener los fondos de los más ricos “posados” en nuestro país; o si, por el contrario, armamos ruido y los asustamos para que emigren a otros paraísos. Respóndanse cada uno de ustedes.

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